Hipocresía de los medios y tuis de EPN y FCH; lo mejor para AMLO
1. La hipocresía. En columna del domingo pasado apuntaba lo antidemocrático y la vergüenza de que ningún medio televisivo o radial cubriera la manifestación de AMLO en el zócalo y, sobre todo, que la señal de internet fuera en apariencia interrumpida o bloqueada al momento de ofrecer su mensaje. Pero esos medios ausentes no podían perder la oportunidad de dar a conocer la noticia de su infarto y hospitalización y, como posibilidad, de su muerte. Eso sí era noticia. Que sostenga un proyecto de nación contrario al del régimen vigente, no lo es. Mas si cubren la nota de quien sufre un infarto es porque la persona tiene peso, el de su historial y 30 millones de votos en dos elecciones pasadas, en este caso. Y sin embargo, esa persona preferiría que, democráticamente, los medios cubrieran su actividad política.
2. Los tuits. Por su parte, ciertos políticos enviaron mensajes vía twitter. Que Calderón, Peña o Los Chuchos escriban tuits sobre la salud de López Obrador mueve, cuando menos, a risa. Si bien es un lugar común desear el bienestar para todos, en realidad, no hay mejor manera de expresar interés en los demás, cuando esto es posible, que en la interlocución y la atención a las palabras del otro.
El tuit del ejecutivo de la guerra y la violencia ha sido un cinismo. Si le interesara el destinatario del mismo, la persona, debería haber escuchado su demanda de 2006 para recontar el total de los votos y no aferrarse al poder en complicidad con los grupos de interés y las instancias electorales que con sólo 0.56% de diferencia legitimaron un fraude.
El tuit del comprador-vendedor-reformista-privatizador, más que un deseo sincero, entra en el terreno de la formalidad institucional. Si el interés fuera genuino, su emisor tendría más bien que escuchar y aceptar la posición política de su oponente, la que transcurre en este preciso momento, admitir que una consulta nacional antes de imponer una “reforma energética” ilegítima, es posible.
Pero no, ambos tuiteros, FHC y EPN, han optado por ignorar a su adversario, por el desdén del poder ensoberbecido ante quien ha obtenido, en la confrontación de proyectos de país, 30 millones de votos. Por el desprecio a la sociedad que lo votó y a la persona; esa sociedad que no votó por una guerra ni por la privatización del petróleo. Ambos, en vez de interlocución, recurren al poder de las armas y las vallas. Uno para asumir el poder y pavonearse “libre” en medio de la violencia, el otro para consumar la privatización de un bien común nacional y también para pavonearse. Así que un tuit en estas condiciones resulta del todo intrascendente; otra cosa sería si viviéramos dentro de una “normalidad” democrática en la que todos “juegan” o cuentan. Al no ser así, óptimo sería el silencio.
De Los Chuchos,...
3. Lo mejor para AMLO. Lo primero mejor, naturalmente, es que se recupere cabalmente. Y que decida aquello que le convenga.
Lo segundo mejor, que su “ideario político y social”, como suele decirse, sea asimilado y desplegado por las presentes y futuras generaciones. Que ahora mismo su causa en contra de la privatización del petróleo encuentre un eco mayor. Y aunque se sabe que se tiene prácticamente a todo el sistema en contra, el propio AMLO ha dicho que aunque sólo quedara un hombre, aunque sólo quede él, esta lucha cívica legítima, prácticamente heroica, debe continuar.
Lo único cierto es que AMLO morirá, cuando tenga que suceder, en la raya, porque se trata de un hombre claro, voluntarioso, entregado hasta los huesos, -cabeza fría, corazón ardiente- a sus ideales políticos y sociales y su amor a México. Larga vida.

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