La obsesión de Milenio CONTRA el hijo de Andrés Manuel

Hoy que es figura pública, es decir, que actúa como activista en un movimiento político, en el que hasta da la cara para dar a conocer noticias relevantes, como la hospitalización de su padre, puede y debe ser criticado Andrés Manuel López Beltrán, hijo de Andrés Manuel López Obrador.
Pero en 2009 López Beltrán, joven estudiante, no participaba en labores públicas, ni políticas ni de ningún tipo, es decir, si asistía a los mítines de su padre lo hacía como tantos muchachos que se acercan a lugares en que sus mayores realizan sus actividades.
Por eso, porque Andrés chico no participaba en política ni en ninguna tarea pública en 2009, fue de muy mal gusto que en Milenio se fijaran en sus tenis; peor aún que exageraran el costo de sus zapatos deportivos para, un día después, acusarlo con enorme mala fe de ser un aficionado a los yates solo porque, en unas vacaciones en la playa, como cualquier gente de clase media, participó en un paseo con decenas de personas en uno de esos barcos para turistas que no caben en la categoría de los “yates” y menos aún en la de los “yates de lujo”.
Hoy, que Andrés Manuel López Beltrán participa en Morena, el partido que está fundando su padre, puede y debe ser cuestionado por lo que haga. Pero, en el momento más difícil para su familia, con el padre recuperándose de un infarto, ¿es correcto recordarle la calumnia que en el pasado lo enlodó?
Eso hizo el conductor de noticias Néstor Ojeda anoche en Milenio TV. Ojeda dijo al dar a conocer la noticia del infarto de López Obrador: “Andrés Manuel López Beltrán, el de los tenis caros”.
¿Pueden un periodista y un medio ser más miserables? Primero inventan la noticia, después someten a escarnio a alguien cuya vida privada debe ser respetada para terminar, cuando el ofendido ya es figura pública, por volver a sacar la calumnia.
No solo Ojeda, de Milenio TV, está obsesionado con el hijo de Andrés Manuel. También padece esa enfermedad del espíritu el director editorial de Milenio, Carlos Marín.
Hoy Marín, en su columna “Impertinencia en la emergencia”, dice que no es comprensible que, “con su padre postrado luego de sortear un delicado infarto al miocardio que requirió de cateterismo, el joven Andrés Manuel López Beltrán aprovechara la conferencia que se suponía de información clínica para echarse una perorata política y reiterar la consigna moreniana de cercar el Senado”.
¿No se le ocurre a Marín, que conoce personalmente y como personaje del sistema político a López Obrador, que el propio AMLO fuera el que no solo le pidiera a su hijo, sino que se lo ordenara como integrante de Morena, hacer un llamado político ahí mismo en Médica Sur?
Para Andrés Manuel, en la emergencia, lo de menos era su salud. Lo relevante para él siempre ha sido, más que su persona, su movimiento que sin él no parece tener muchas posibilidades de salir adelante.
Si Carlos Marín fuera un periodista serio entendería las cosas y diría que los únicos “pejistas” que en la emergencia actuaron mal fueron el diputado Ricardo Monreal y las “fuentes” del gobierno del Distrito Federal que antes de conocer la información oficial dijeron, convenciendo a muchos medios, que AMLO no había ido al hospital por un infarto, sino por un “problema de la presión arterial”.
Las “fuentes del GDF”, actuando como priistas, intentaron ocultar la gravedad del caso. Monreal, oportunista siempre, nada más quiso hacerse notar apareciendo como lo que no es: un vocero cercano a Andrés Manuel.

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