Reforma energética, traición consumada y fracaso del PRI
Y así llegarían Díaz Ordaz y el salinismo. La represión política y la laceración e imposición económicas, la devastación del individuo y de la nación.
Si la Constitución de 1917 fue resultado de la lucha entre las distintas fuerzas de la revolución mexicana y sus diversos planteamientos, en 1929 surgiría con el PNR de Elías Calles el PRI de hoy, igualmente como un filtro de corrientes de ese proceso armado.
La nobleza de la Constitución (ya minada de entrada según algunos analistas), garantizó el sentido de la nación, la soberanía y el cuidado de los ciudadanos.
El PRI, para que pararan de matarse entre ellos los políticos, sería el cauce en el que cabrían todos, la arena en la cual se dirimirían los intereses a partir de la figura omnipresente del presidente de la república.
Con su retórica nacionalista y a pesar de la corrupción y el autoritarismo que le ha caracterizado, el PRI observó básicamente los principios constitucionales. Hasta que…
Hasta que como escribió Lázaro Cárdenas en sus Apuntes de 1941, los hombres de la revolución y sus herederos aglutinados en el PRI se desviaron de los cauces institucionales formales, “…hombres que no resistieron la tentación de la riqueza, claudicaron de sus principios, perdieron la vergüenza y se volvieron cínicos.”.
Y así, gracias a la ambición y la obsesión por el poder, México se alejaría de su núcleo revolucionario y de justicia social.
Y así llegarían Díaz Ordaz y el salinismo. La represión política y la laceración e imposición económicas, la devastación del individuo y de la nación.
Y hoy, con la “reforma energética” que entrega hidrocarburos y electricidad en una traición señalada explícitamente en el artículo 123 del Código Penal Federal (y que ya ha sido explicada en demasía para la ceguera y sordera indolente y desdeñosa), se cumple quizá uno de los últimos capítulos del abandono de los principios revolucionarios que dieron a México un cariz y un sentido de nación. A partir de ahora se entra a otra etapa y lo que menos importará será ese sentido nacional y por tanto, el social.
La “reforma energética” que tiene de fachada a Peña Nieto y un “nuevo rostro”, además de traición significa también el fracaso del Partido Revolucionario Institucional que tuvo incluso que adecuar sus estatutos para dar paso a la modificación constitucional que demandaba la entrega de los recursos naturales al interés de Estados Unidos, las grandes corporaciones y el grupo en el poder que se ha valido de sus sirvientes en las cámaras de senadores y diputados a nivel federal y de los gobernadores y legisladores de los estados.
El PRI ha cambiado de hombres y con ello de ambiciones y obsesiones. Pero por más que celebren sus actuales integrantes y aliados, su triunfo es en realidad un fracaso histórico y una gran pérdida para México. ¿Les importa?
El retrato de los priistas de ayer y hoy hecho por Lázaro Cárdenas es puntual e implacable.

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