domingo, 15 de diciembre de 2013

Vargas Llosa en Los Pinos, triunfo del poder sobre la seriedad intelectual

@NietzscheAristodom 15 dic 2013 02:32
  
Francamente de fantasía: Peña Nieto recibiendo a Mario Vargas Llosa en Los Pinos. Sólo en México, como se dice. ¿Paz y Fuentes, estarán revolcándose en sus tumbas? Seguramente, no.
El acto en el cual el “nuevo rostro” del PRI recibe al sobreviviente premiado con el nobel de literatura –supuesto amigo de Paz y Fuentes- tiene dos sesgos interesantes.
1. Octavio Paz. El recuerdo del célebre debate de 1990 en el cual, retando a Paz, Vargas afirma que México no escapó al modelo dictatorial que caracterizó a América Latina durante el siglo XX, pues el PRI representaba una dictadura perfecta (e hizo una brillante disertación al respecto). Paz, por “amor a la precisión intelectual”, lo increpa corrigiéndolo, pues señala que él había hablado de “sistema hegemónico de dominación” de un partido y no propiamente de dictadura militar, que había sido el concepto originalmente planteado por el autor peruano. De paso, Paz regañó al “querido Enrique”, Krauze,  observando que tampoco se trataba de una “dictablanda”, como se le ocurrió sugerir.
Ambos tuvieron razón, Paz en señalar rigurosamente la formalidad política y sociológica, Vargas describiendo ese sistema hegemónico de dominación priista que retrató como dictatorial. Por años ha sobrevivido la frase del peruano.
 2. Carlos Fuentes. Después del ridículo en la FIL de Guadalajara en que Peña tartamudeó, parpadeó y confundió todo lo que quiso al grado de maridar en un libro a dos adversarios, Krauze y Fuentes, éste se expresó acremente del entonces candidato del PRI señalando sus graves limitaciones intelectuales como un impedimento ético o moral para aspirar a la presidencia mexicana. Poco después, en España, Vargas pretextó una gripe para no encontrarse con Peña, acto plausible, pues acababa de concedérsele el premio del recién fenecido Carlos Fuentes.
Después de 23 años, Vargas Llosa admite su flaqueza ante Paz, desconoce la amistad con Fuentes y el premio recibido en honor al mismo y, aún más lejos, legitima a Peña Nieto y al PRI. No otra cosa fue ese encuentro en Los Pinos sino una lamentable rendición de la seriedad intelectual ante el poder. Pero bueno, Vargas ha sido siempre (como Paz, como Fuentes), un amante del poder. ¡Incluso aspiró a la presidencia de su país, que perdería de manera humillante ante el japonés Fujimori!
En 2012 declaró que sería una tragedia el triunfo del PRI. Ahora, ignorando o queriendo desconocer las condiciones del país (¿acaso no son más fuertes hoy el PRI y el salinismo que en 1990?; ¿acaso está hoy mejor el país que entonces?; ¿ha decrecido la injusticia social?; ¿se acabó la corrupción?; ¿etc.?), afirma que Peña lo hace bien y que promueve reformas sensatas. Sin duda, éstas entran a la perfección en la estructura ideológica del escritor.
En un cuadro modelo sólo ha faltado que Peña inaugurara o clausurara la FIL de Guadalajara flanqueado por Vargas Llosa mientras eran aplaudidos por Fernando del Paso, Elena Poniatowska, Vicente Leñero y Eduardo Lizalde, entre otros.
En la vejez, V LL ha terminado siendo muy elegante, nada inelegante (como creyó en 1990), con el poder que entonces tan puntual y áspero describió y criticó, poco cortés con sus amigos muertos y nada serio desde el punto de vista de la radicalidad del escritor-pensador consecuente

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