miércoles, 7 de mayo de 2014

Si el pueblo es el mandante, el soberano, ¿por qué permite que lo manden los mandados?

@rasocasmié 7 may 2014 08:44
  
 
Después del 2006 a la fecha, sólo AMLO ha podido mantener un esfuerzo continuado de lucha y de construcción organizativa en la mayor parte del territorio nacional.
 “La intensidad de la opresión o la existencia de iniciativas revolucionarias, no constituyen por sí mismas detonantes para un cambio social. Hace falta una disposición que combine la crítica del malestar,  la inconformidad y el reconocimiento de sus causas o causantes, con la apertura de un horizonte que haga posible e imaginable un cambio en la situación y la liberación de los oprimidos”. Si esto escribió Raquel Sosa Elizaga en Los Códigos ocultos del cardenismo, hoy, dieciocho años después, estas tesis requieren ser revisadas. Hacen falta otras explicaciones y otras respuestas a los problemas sociales que hoy enfrenta nuestro país.
¿Qué pasó en el 2006 y en el 2012? ¿Qué pasó con el neoliberalismo y el proyecto democrático popular, los cuales se enfrentaron en estos dos períodos electorales? El imaginario colectivo afirma que ganó el proyecto democrático, de izquierda, y perdió el PRI y sus contlapaches. ¡Sin embargo, a pesar de las grandes masas participantes, no se pudo imponer el triunfo obtenido en las urnas! Las fuerzas corruptas y antinacionales se volvieron hacer del poder. El PRI desgobierna México desde 1929 con el surgimiento del PNR. Doce años, estuvo administrado por las víboras prietas del PAN.Ochenta y cinco años hemos aguantado a estos hijos de Porfirio Díaz. Consecuencia de esto, las fuerzas democráticas y de izquierda, han sido replegadas, apareció la desesperanza, la confusión y el desaliento.
Después del 2006 a la fecha, sólo AMLO ha podido mantener un esfuerzo continuado de lucha y de construcción organizativa en la mayor parte del territorio nacional. Pero su equipo, los políticos, ideólogos e  intelectuales que comparten su proyecto, no han podido o no han querido, aportar lo necesario para que el espontaneísmo que vive el movimiento realmente existente, pueda elevar sus niveles de conciencia  y mejorar su participación política al lado de los pueblos y organizaciones en lucha. Si la opresión se ha intensificado, si existe la inconformidad social, si los trabajadores y el pueblo identifican las causas y los causantes de esta debacle, ¿por qué  las fuerzas opositoras a este estado de cosas, siguen tan dispersas, tan mediatizadas y tan desesperanzadas? ¿En el futuro próximo serán capaces de avanzar en la ruta de la transformación del país sin que sigan convirtiéndose en un soporte más de la burguesía hegemónica corrupta y antinacional?
¿Son las elecciones el instrumento para transformar el país? ¡Puede ser! Pero sólo a condición de que las convirtamos en una fuerza que imponga la soberanía del pueblo y convierta su autodeterminación en un proyecto de vida en el que quepan todos sus derechos y sus libertades. ¡Experiencias, existen! Con Cuauhtémoc Cárdenas en 1988 y con AMLO en el 2006 y 2012, hubo  irrupciones populares muy importantes en busca del cambio. En el 2005, dos millones y medio de ciudadanos salieron a la calle para impedir el desafuero de Vicente Fox contra AMLO, el histórico plantón de Reforma y los casi catorce millones de votantes en el 2012 a favor de Andrés Manuel, así lo demuestran. En esas ocasiones se tejieron alianzas entre obreros, campesinos, clase media, jóvenes, intelectuales y académicos. Se unificaron banderas de lucha y cursaron, juntos, una gran experiencia que estremeció las viejas estructuras del sistema priista. Pero y luego, ¿qué paso?
La participación masiva de organizaciones y pueblos en lucha, espantaron a la burguesía.Políticamente derrotada, rehízo su sistema de alianzas y se echó en manos de los grandes corporativos nacionales con el apoyo y complacencia del gobierno y de las empresas norteamericanos. ¡Demostró que aún tenía capacidad para seguir imponiendo los fraudes! Mientras las fuerzas opositoras, con una dirección demócrata-liberal a la cabeza, resultó incapaz de imponer su triunfo. Para muchos, las elecciones no deben limitarse a buscar la conformación del aparato político estatal. Para otros, lo importante es participar, aunque eso permita al Estado fortalecer sus viejas estructuras políticas.
Lo que otros buscamos, es un cambio de verdad. Un cambio revolucionario que ponga en juego el derecho del pueblo a la autodeterminación. Queremos decidir soberanamente y con libertad plena nuestro futuro. Si en el  Artículo 39 Constitucional se establece que “la soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Que todo poder público dimana de él y se instituye para beneficio de éste” entonces, ¿por qué los mandantes tienen que aceptar que sean los mandados los que decidan por él?
Los procesos electorales que vienen ya están predeterminados por quien tiene el poder. La llamada Reforma político-electoral, sus leyes secundarias y sus aparatos creados para el efecto, están hechos para garantizar el control del aparato del Estado. Participar en las elecciones tiene sentido, si ponemos en juego toda nuestra iniciativa y capacidad para desarrollar las ideas revolucionarias que lleven el pueblo al poder. En ellas la gente tiene la oportunidad de desarrollar sus propios proyectos de vida, imaginar nuevas formas de organización y acabar con la grilla barata que empieza a tomar forma en todas las instancias del Movimiento Regeneración Nacional.
En muchos de los sectores activos en la política, hay desaliento y falta de credibilidad en los partidos y en los políticos. Pero lo imposible se combate a partir de lo posible. Y aunque el triunfo del pueblo se dé a largo plazo, hay un mientras tanto, que podemos aprovechar para avanzar en el desarrollo de la conciencia social, en la organización de los ciudadanos, en la profundización de nuestro proyecto político y en cambiar la correlación de fuerzas que haga posibles nuestros triunfos futuros. Esto no será logrado si no preparamos al pueblo para la lucha, si no amarramos a los corruptos, arribistas, acarreadores profesionales y a los buitres. La burguesía no la vamos a derrocar con palabras y discursos. La vamos a derrocar cuando las nuevas reglas del juego que va creando el pueblo estén dentro de la institucionalidad de las masas, y las elecciones las convirtamos en el mejor instrumento para revolucionar el país a favor de su gente. ¡Otro camino, está por verse!

No hay comentarios: