
VAGONEROS, LA MENTIRA DE LOS 3 MIL MILLONES.
Vagoneros, la mentira de los 3 mil millones.
por Ferrer Galván Acosta
@FerrerGalvan
Prometieron que si aumentaba la tarifa del metro eliminarían a losvagoneros; era una estrategia para dar legitimidad a un golpe innecesario a la economía familiar de los usuarios.
El alza al boleto del metro ya se está ejecutando; la promesa sobre losvagoneros permitió a Joel Ortega y al Gobierno del Distrito Federal percibir tres mil millones de pesos extras a los cinco mil millones anuales que ingresan al metro por venta de boletos y recargas; sin embargo, no van a cumplir su promesa de eliminar el comercio informal. No van cumplir porque quienes la han prometido son parte del problema.
El comercio informal y los vagoneros tienen su origen en la desigualdad, la falta de empleo y de oportunidades. No resolverán este problema haciendo operativos policíacos porque la necesidad económica no se abate reprimiendo a quienes encuentran en la informalidad el sustento para sus familias. El origen del comercio informal es el modelo económico de exclusión.
De fondo, si el Gobierno del Distrito Federal quisiera acabar con la informalidad debería crear fuentes de empleo y ampliar la oferta educativa, fortalecer sus propios ingresos al erario y no incurrir en el subejercicio. Cuando un gobierno renuncia al ejercicio del gasto público está ralentizando la economía, obstaculiza el crecimiento y frena el empleo.
El comercio informal es una válvula de escape ante las condiciones económicas en las clases populares, su crecimiento refleja la desesperación de las familias por hacerse de ingresos. Pero también evidencia la inacción de los gobiernos, les es conveniente tolerarlo pues les quita responsabilidades como gobernantes al tiempo que los dota de ingresos ilegales.
Si hubiera empleo, educación y oportunidades el comercio informal sería la excepción, no la norma. Hacer redadas contra vagoneros es atacar el último eslabón de una cadena de corrupción e injusticias en la que el comerciante ambulante es consecuencia de los abusos que inician en el modelo económico.
No los retirarán con engaños ni con programas clientelares ni dándoles una mensualidad a costa del presupuesto del metro; esas soluciones cortoplacistas y electoralmente convenientes sólo resuelven el problema para el Gobierno del Distrito Federal, pero no para el trabajador.
No los retirarán porque en el metro operan mafias de comercio informal en las que están involucradas autoridades, policías y sindicato. Estas mafias no están dispuestas a perder la plaza y salirse del metro por unos cuantos pesos para ver cómo otros grupos ocupan las Líneas que ellos ingenuamente abandonan.
Sería de gran ayuda si por lo menos se buscara la regulación y un estudio profundo. Una correcta regulación permitiría ponerles límites a sus excesos; ya que, hoy en día, sabiéndose intocables por los policías, algunos vagoneros se suben escandalosamente a los carros del metro, actuando, a veces, con absoluta falta de respeto hacia los usuarios y hasta con violencia.
Resulta obligatorio hacer un estudio para determinar quiénes dentro de los vagoneros están ahí como consecuencia de la falta de oportunidades, sólo así se podrán enfrentar otros problemas lamentables que el Gobierno del Distrito Federal ni siquiera menciona, haciendo creer que el problema de los vagoneros radica en el volumen de sus bocinas.
En el metro operan mafias de trata y explotación de personas, esclavitud, trabajo infantil y prostitución. Sin embargo, nadie hace nada por enfrentarlas, sino que, escondidos en la problemática de los vagoneros, se les tolera y auspicia.
¿Por qué se hacen redadas contra comerciantes y no para proteger y asegurar a cientos de niños que trabajan explotados en el metro? ¿Acaso son tantos vagoneros que es imposible identificar quiénes están delinquiendo de los que están buscando sustento para sus familias?
No cualquiera puede subirse a ejercer comercio informal en el metro. Si uno lo intenta se topará con las mafias, con las cámaras de seguridad, con los policías, con los dirigentes de comerciantes y con eficientes empleados del metro; es decir, operará la mafia para impedir que un vagonero independiente ocupe una plaza que ya ha sido asignada por autoridades del metro a quienes cubran su cuota ilegal.
Las mafias obligan a los comerciantes a cubrir una cuota, esa cuota se reparte entre muchos para asegurar la impunidad; esa cuota es un ingreso económico al que los vigilantes, policías, Jefes de estación y altos funcionarios del metro no van a renunciar por su gusto.
Según reportes del Sistema de Transporte Colectivo, por lo menos 15 mil vagoneros trabajan en el metro, si cada vagonero pagara un impuesto diario de 10 pesos ante tesorería, ingresarían al erario 55 millones de pesos anuales, el equivalente a 11 millones de boletos del metro, quizá se podrían resolver algunos problemas en el metro, pero no, la corrupción hace que los comerciantes paguen derecho de piso por cantidades mucho más altas, las cuales van a dar a los bolsillos de dirigentes, funcionarios públicos y empleados del metro.
Para el director del metro es más fácil dar una conferencia de prensa y hacer redadas contra comerciantes informales que desarticular la red de corrupción que comienza con él, al negarse a regularizar el comercio dentro de los vagones.
No puede esperarse, que quienes son parte de la cadena de corrupción sean quienes solucionen el problema de los vagoneros en el metro. No puede esperarse que un privilegiado modifique el estado de cosas.
Así que, debemos tenerlo muy claro, por más anuncios que haga Joel Ortega, no importa cuántos millones más den a grupos clientelares que ellos mismos incentivan, el Gobierno del Distrito Federal no va a cumplir su promesa de liberar el metro de vagoneros.
No van a cumplir el compromiso por el cual aumentaron la tarifa a cinco pesos y les hizo obtener 3 mil millones de pesos extras. Así que, para que tengamos una idea muy clara, el Gobierno del Distrito Federal mintió para imponer el aumento.

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