miércoles, 27 de julio de 2016

Federico Arreola y la libertad de expresión

@fernandeznoronamar 26 jul 2016 15:19
 
  
 
Foto propiedad de: Internet

En su reciente artículo, Federico Arreola menciona que Carmen Aristegui es una muestra, ironizando, de los casos de excepción en el ejercicio de la libertad de expresión. Arreola olvida un pequeño detalle, Aristegui y su equipo están cerca de cumplir dos años de haber sido sacados del aire y por lo tanto carecen de un espacio para expresar sus puntos de vista, para presentar sus investigaciones y para realizar su trabajo.
La empresa para la que laboraban, MVS, los dejó fuera de manera infame. Arreola olvida que su instrumento de difusión era la radio, el espacio en el que diariamente presentaban su trabajo. Deja de lado que Aristegui ha hecho toda su carrera periodística fundamentalmente en ese medio, la radio. 
Se le olvida o pretende olvidar, que Aristegui vive en este momento una nueva ofensiva desde el poder con la demanda que Joaquín Vargas ha enderezado en contra de ella por el prólogo que escribió al libro La Casa Blanca. 
Dirá que mantiene el espacio en CNN y en Internet, pero esos espacios son evidentemente insuficientes y ya contaba con ellos cuando fue reprimida y sacada del aire.
Mi caso es otra muestra, paradójica, de la falta de libertad de expresión. Ningún medio de los llamados nacionales saca una sola nota mía, desde que dejé de ser diputado federal, sobre mis actividades políticas. Ningún medio se atrevería a publicar lo que presento y trabajo en SDP. Cierto es que gozo de libertad absoluta en este medio virtual. Cierto que este medio se ha venido posicionando cada vez mejor, pero sigue siendo un medio restringido a las redes sociales, al Internet. Lejos está aún de competir con los grandes medios como las televisoras o la radio. Pero no hay duda de que soy un caso singular, soy un político que realiza un trabajo en un medio de comunicación virtual y que goza de una libertad que defiendo con uñas y dientes.
Los casos que cita de políticos, son absurdos pues ellos siempre batallan con el sesgo mediático, y con la falta de espacios para plantear con claridad los puntos de vista que promueven. López Obrador es un caso emblemático, el político más conocido del país al que se le abren a cuenta gotas los medios para hablar en vivo y a quien regularmente se cita en la prensa de manera distorsionada. Siempre navegando a contracorriente en un mar de acoso e infamias.
Otros medios que cita son fundamentalmente virtuales, donde el control del gobierno todavía no es total y la influencia de éstos también sigue siendo limitada en la opinión pública.
Los caricaturistas que también menciona, son el ejemplo más claro ciertamente de la excepcional libertad de expresión. Se inscribe en una larga tradición de crítica a la política mexicana que viene desde el México independiente en el siglo XIX. Tradicionalmente son quienes mediante el humor, han sido tolerados, pese a ser una crítica mordaz y muchas veces despiadada sobre los políticos del momento. Su trabajo sirve a la sociedad en ese desahogo permanente de la propia burla que el pueblo hace de sus políticos y que sin embargo rara vez pasa de la burla a la acción.
El resto del artículo ni vale la pena mencionarlo. Su ironía y sus ejercicios matemáticos son más aburridos que Aurelio Nuño dando una clase de aritmética básica.
Así que terminaré con una frase que usaba mucho mi abuela: "será el sereno", pero  en México no hay libertad de expresión, valga como ejemplo que nuestra patria es uno de los países con más periodistas asesinados en el mundo y si no, que vaya a hacer aritmética básica a Veracruz mi buen amigo Federico Arreola, sobre el número de periodistas asesinados en aquella entidad.

"El pueblo tiene derecho a vivir y a ser feliz"

Gerardo Fernández Noroña

No hay comentarios: