miércoles, 19 de octubre de 2011

Nuestros niños, nuestro futuro-- POLIMNIA ROMANA

Ante la proliferación de muertes que ocurren a diario por todo el territorio nacional, por la denominada guerra contra el narco, parece que se generaliza la falta de sensibilidad y asombro de la sociedad.

La reciente muerte de un niño de apenas 10 años de edad, en Torreón, Coahuila, cuyo delito fue transitar por la misma calle en la que se producía una balacera entre supuestos sicarios, no mereció indignación... apenas la nota que da cuenta de una muerte más.

El pequeño se llamaba Humberto, es todo lo que se informa, ningún medio profundizará en el dolor de sus padres ni en averiguar lo que Humberto hacía, si iba a la escuela, si le gustaba pintar o cantar, si tenía hermanos que llorarán su ausencia.

Así como se extinguen nuestros niños y nuestros jóvenes por balas que los alcanzan en las calles o en los retenes militares, de la misma manera se va extinguiendo nuestro futuro, porque los niños y los jóvenes son nuestro futuro.



¿A dónde iba Humberto cuando la bala destrozó su cabeza?

¿En qué lugar enterrarán su cuerpo y sus sueños?

No hay que olvidar que la mente de los niños aun en medio de la miseria, del hambre, del frío o de la lluvia está llena de sueños. Por eso son el futuro, porque ellos guardan como un tesoro los sueños que los adultos dejamos ir.

No es el miedo a la muerte lo que debe espantarnos, sino el miedo a no reaccionar ante la muerte de los que no deben morir antes de tiempo, de los que no deben pagar con su vida la irresponsabilidad, la ineptitud y la complicidad de los que pudiendo detener el fuego siguen arrojando combustible como si se tratara de consumirnos todos en la misma hoguera.

Estoy muy triste, hoy no puedo pensar más que en los niños que hemos perdido para siempre.

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