domingo, 3 de noviembre de 2013

Refinería Bicentenario: miles de millones a la basura

@YorchAromerosáb 2 nov 2013 17:23
  
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¿Cuántas obras vemos abandonadas, a medio terminar, estructuras oxidándose porque simplemente el gobierno cambió de parecer y ahora piensa que tal o cual proyecto ya no vale la pena? Cientos, quizá miles.

Ahora que estuvo discutiéndose la reforma fiscal, que hizo a enojar empresarios, sobre todo de alimentos industrializados como refrescos y de aquellos que tienen “alto contenido calórico”, es propicio pedir al gobierno que piense mejor sus decisiones antes de echar a andar proyectos que cuestan miles de millones de pesos al erario público.
¿Cuántas obras vemos abandonadas, a medio terminar, estructuras oxidándose porque simplemente el gobierno cambió de parecer y ahora piensa que tal o cual proyecto ya no vale la pena? Cientos, quizá miles.
Pero el que quizá gana todos los premios de escándalo es la refinería Bicentenario, que a cinco años de que fuera anunciada por el ex presidente Felipe Calderón, hoy podría ser cancelada por su inviabilidad y porque el gobierno, todo parece indicar, ya cambió de parecer.
¿Dónde está el discurso repetitivo de que la planeación y las decisiones de gobierno deben ser de largo plazo, eficientes, transparentes? Ni el ex presidente Felipe Calderón ni el actual mandatario Enrique Peña Nieto le dieron continuidad al proyecto de la refinería Bicentenario que ahora podría ser desechada porque el gobierno federal se dio cuenta que no es rentable.
Fue el propio director general de Petróleos Mexicanos (Pemex), Emilio Lozoya Austin, quien el pasado 22 de octubre declaró en un encuentro de negocios en Guadalajara que hoy día invertir para construir una planta para refinar crudo es “cuestionable”.
¿Por qué? Porque según el propio Lozoya existe capacidad instalada “en exceso a nivel mundial”.
También el senador hidalguense Omar Fayad se encargó de recordar en Pachuca ante empresarios que la refinería Bicentenario no se construiría porque es más barato comprar una en Estados Unidos que construir una nueva.
El pasado 25 de septiembre Fayad narró a empresarios de la construcción que a Felipe Calderón Hinojosa lo convencieron de invertir en una nueva refinería, a la cual incluso llamó “el proyecto de su sexenio”, aunque según el propio senador, también alguien convenció al panista de echar atrás su plan.
Platicó que cuando fue diputado aprobó presupuesto para la construcción de la barda perimetral, hoy día única prueba tangible del magno proyecto calderonista y que seguramente quedará como un monumento al desperdicio.
Quizá alguien se dio cuenta en el camino que la Bicentenario es inviable porque, como también lo explica el propio Fayad, es más barato comprar una refinería prefabricada en Texas a un 10 por ciento del costo de lo que tomaría construir la de Tula, estimada en 85 mil millones de pesos. Además de que México requiere no una sino siete refinerías.
Por si fuera poco, según Lozoya Austin, este año Pemex podría registrar pérdidas por alrededor de 100 mil millones de pesos en el rubro de refinación, monto que equivale a casi uno por ciento del PIB.
Como es una cantidad inimaginable de recursos, y sólo para comparar un aspecto de la reforma fiscal recién aprobada, uno de los impuestos más controvertidos, el impuesto a la comida “chatarra” que quedó a una tasa de 8 por ciento, permitirá obtener en 2014 alrededor de 5 mil 600 millones de pesos.
¿No sería mejor y más barato que el gobierno federal planeara mejor sus gastos en vez de tirar a la basura 85 mil millones de pesos, que es lo que podría costar la refinería Bicentenario si realmente se lleva a cabo?
Pero como quizá no será construida, ¿no habría sido más barato ahorrarse 3 mil millones que fueron ejercidos en 2012 (según el entonces director de Pemex Juan José Suárez Coppel) para supuestamente acondicionar el terreno y hacer estudios de ingeniería?
Lo anterior, sin contar los mil 400 millones de pesos de deuda que el gobierno de Hidalgo tuvo que contratar para comprar el terreno, porque así lo quiso Pemex, por cierto de manera indebida.
Como es evidente, resulta mejor gobernar bien que pensar en hacer reformas fiscales para obtener más recursos. El gobierno está obligado a tomar decisiones racionales, sobre todo desde el punto de vista económico. ¿Es mucho pedir que hagan eso?

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