Regresar a las encuestas es, para la izquierda, regresar al origen, es volver al pasado, es cumplir con la fantasía nacional justo cuando todo parecía indicar que la única posibilidad de recuperar nuestros orígenes era el PRI.
Ilustración: Mario Fuantos
Esto de la encuesta para elegir al candidato de la izquierda para las próximas elecciones presidenciales es la cosa más inteligente que se le pudo haber ocurrido a estos señores.
¿Por qué? Porque independientemente de que usted los ame o los odie, consiguió el milagro de volver a colocar el reflector sobre ellos.
No hay persona que no quiera opinar, que no quiera cuestionar, que no tenga algo que decir.
Es increíble. Es como si hubieran vuelto a nacer, como si hubieran vuelto a nacer para la opinión pública, las redes sociales y los medios de comunicación.
Además, fíjese cuánta sabiduría. ¿Cuál es la gran fantasía nacional ante la catástrofe de horror que nuestro pobre país está padeciendo? Volver al pasado.
¿Y cuál es el gran pasado de la izquierda mexicana? Ese momento maravilloso en donde, a través de una encuesta, se decidió que Cuauhtémoc Cárdenas fuera el megarepresentante de esa corriente ideológica en las elecciones presidenciales de 1988.
Y usted se acuerda de lo que pasó. Éxito total. ¡Hasta se cayó el sistema!
Regresar a las encuestas es, para la izquierda, regresar al origen, es volver al pasado, es cumplir con la fantasía nacional justo cuando todo parecía indicar que la única posibilidad de recuperar nuestros orígenes era el Partido Revolucionario Institucional.
Por si esto no fuera suficiente, aquí hay un factor de entretenimiento que no podemos hacer a un lado.
Y digo entretenimiento porque sí, es muy divertido ponerse del lado de Marcelo Ebrard o de Andrés Manuel López Obrador como si se tratara de una pelea de box, como si se tratara de los dos galanes que se están disputando el amor de la protagonista de la telenovela. ¡Es fabuloso!
Marcelo llega con su nueva esposa, posando frente a sus obras, con buenas declaraciones, con el apoyo de muchas personalidades.
Andrés Manuel no llega, siempre ha estado aquí, más polémico que nunca, por su fuerza en sus propios medios, por Morena, porque el IFE acaba de prohibir que lo venda El Tata.
¿Puede haber algo más espectacular que esto? Ningún otro partido tiene algo parecido y no, no es porque entre su gente no haya diferencias, es por la calidad de los personajes.
Obviamente no hubo debate. ¿Por qué? Porque esto es un show y en el show, especialmente el melodramático show mexicano, todos conocemos el final.
Lo que importa no es quién gane, lo que importa son las emociones que usted y yo podemos sentir mientras vemos cómo el bueno y el malo se dan con todo.
Seamos honestos, para efectos de izquierda, da lo mismo si el candidato es Andrés Manuel o Marcelo.
Si gana El Peje, Marcelo queda como un santo, como el más leal de los hombres, con todo a su favor para convertirse en el brazo derecho de López Obrador y con una juventud que fácilmente lo puede catapultar para la grande en 2018.
Si gana Marcelo, Andrés Manuel queda como el gurú, como el maestro, como el hombre sabio que desde la perspectiva de la experiencia apoyará a Ebrard, será el poder detrás del poder, será grande.
Gane quien gane con este divertimento, todos ganan, especialmente la izquierda, o mejor dicho las izquierdas, porque por primera vez en mucho tiempo tendrán algo parecido a la unidad.
Sí, nada que ver entre las izquierdas unidas y la increíble maquinaria del PRI, pero es un primer paso como, en 1988, lo de Cárdenas fue un primer paso.
Y paso a paso esta gente puede obtener más y mejores posiciones, y paso a paso pueden meterle más de un buen susto a cualquier otro personaje del PRI, del PAN y de quien usted quiera, guste y mande.
Lo más bonito de esta historia es que con el tema de las encuestas, las izquierdas le devolvieron a la ciudadanía el mando de la democracia por encima del IFE y de los medios electrónicos de comunicación.
Antes, honestamente, con tantos intereses, con tan malos resultados y con tanto escándalo, a nadie le daban ganas de participar. ¡Para qué!
Ahora, con esto, todos estamos motivados otra vez, queremos que nos encuesten, queremos ir a la urnas, queremos participar. ¡Gracias! ¡Así se hace!
Qué buena idea. Esto de la encuesta para elegir al candidato de izquierda para las próximas elecciones presidenciales es la cosa más inteligente, más apasionante y más divertida que se le pudo haber ocurrido a estos señores. ¿A poco no?
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