miércoles, 1 de agosto de 2012

Columna Incómoda. El maratón de López Obrador ALEXIA BARRIOS G.

: Andrés Manuel López Obrador, quien no ha sabido fundamentar correctamente su movimiento y, al contrario, sus discursos y las acciones de sus seguidores, los siempre leales, están cayendo algunas peligrosamente en la riduculización de los medios –incluyendo sus propios “aliados”— con sus denuncias, su desconocimiento a los resultados, su discurso ofensivo contra los mexicanos, contra los pobres (bueno, el pueblo pobre que vendió su conciencia), su propuesta de presidente interino y de invalidez sólo de la elección presidencial y no de todo el proceso (legisladores, gobernadores, alcaldes).

Hoy, varios columnistas, tanto simpatizantes de las izquierdas como sus adversarios, hacen apuestas para saber cuánto tiempo más durará la protesta de AMLO y qué ocurrencia vendrá después. Rivapalacio, por ejemplo, señala con claridad que el lopezobradorismo se observa notoriamente a la baja y peligrosamente tiende al aislamiento, apenas alimentado por el apoyo del ebrardismo que salió a su rescate. Y tiene toda la razón.

No es para menos, ya vienen las negociaciones de qué comisiones disputarán las izquierdas en el Congreso de la Unión a partir del 1 de septiembre. Ya está la presión de los goberndores del PRD para el presupuesto 2013: Guerrero necesita recursos y apoyos para recuperar el turismo; Morelos, úrgele no estar alejado de una buena relación con la Federación para recuperar la tranquilidad y el desarrollo de infraestructura; y Tabasco requiere que se comprometan recursos para la conclusión del Plan Hídrico así como una atención especial como estado petrolero. Y el DF, el hermano mayor, no puede ni debe estar en una relación simulada ni enemistada con el próximo presidente.

Realmente, como quedó la correlación de fuerzas en las cámaras, el papel negociador de las izquierdas estará a cargo de los operadores de Marcelo Ebrard en el Senado y de Nueva Izquierda en la Cámara de Diputados, los legisladores lopezobradoristas tendrían un papel marginal en las comisiones y quizá ni eso si no hay un cambio de actitud.

Hace seis años, AMLO y sus seguidores lanzaron una ofensiva contra Nueva Izquierda, que se quedó con el control del partido y con la mayoría de los legisladores. Los acusaron de ser falsarios de la izquierda, cuando en sus filas existen cuadros formados desde en la izquierda guerrillera (como el propio Jesús Zambrano). Los acusaron de negociadores, cuando gracias a su pragmatismo es que el PRD ha ganado gubernaturas y los ha ubicado en dos ocasiones como segunda fuerza electoral.

Pero lo más lamentable, fueron las agresiones contra las posiciones internas críticas contra AMLO, que han recibido infinidad de linchamientos: Ruth Zavaleta, Rosario Robles, Cuauhtémoc y Lázaro Cárdenas, Amalia García, Zeferino Torreblanca, Pablo Gómez, Demetrio Sodi y Marco Rascón. Algunos de ellos, mejor optaron por romper con su partido y apoyar otras causas.

El 20 de noviembre de 2007, cuando 300 militantes del PRD ingresaron la Catedral metropolitana dijeron que era obra de provocadores y no del discurso incendiario. Era la primera llamada. Esta vez, el 2012 hay fanáticos quienes creen tomar justicia por mano propia y han agredido verbalmente a comunicadores incómodos como Carlos Marín y Ricardo Alemán. Otros más, a nombre del lopezobradorismo no cesan en llamar “si hay imposición habrá revolución”, y en su nombre no faltaría el que se adjudique ataques a instalaciones de medios incómodos como Televisa, Milenio y ahora MVS.

Andrés Manuel López Obrador, quien debe valorar bien el peso de sus palabras, de sus movimientos y de sus instrucciones, porque hay muchos fanáticos detrás de él que los toman muy en serio y son capaces de cualquier pendejada. A diferencia del maratonista Roberto Madrazo de 2007, Andrés Manuel tiene un liderazgo político vigente y necesario para contrarrestar la hegemonía de la alianza del PRI con los coordinadores parlamentarios del PAN e incluso del PRD. Por ello, está obligado ante la historia, como dice él, a no hacer el ridículo, a ser el Poncio Pilatos de “los loquitos justicieros y revolucionarios”, y a asumir el papel de gran político que la historia le tiene reservado.

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