jueves, 23 de octubre de 2014

¡#AyotziVive, la lucha sigue y sigue!”

@NietzscheAristojue 23 oct 2014 08:39
  
 
 Los estudiantes no están sedados,  todavía se mueven las fibras de la conciencia y la solidaridad.
Marcaba el reloj las 18:15 cuando la vanguardia, portando el retrato de las víctimas de Iguala, iniciaba la marcha del 22 de octubre de 2014. Desde el Ángel de la Independencia, los contingentes salían apretujados sobre el carril derecho de la Avenida Reforma hacia el Zócalo. A las 19:30, muchos desesperaron y empezaron a salir sobre el carril izquierdo también. Y así marcharon. Alrededor de las 20:00 se caminó en un silencio sepulcral. A las 21:00, ya en el templete de espalda a Palacio Nacional, estaba avanzado el mitin. 43 pupitres vacíos eran la representación de los ausentes, de los hasta hoy desaparecidos. Se enunciaba vigorosamente uno a uno sus nombres exigiendo su presentación y justicia para los 3 asesinados la noche del 26 al 27 de septiembre.
A las 22:15, la retaguardia llegaba a Bolívar y 5 de mayo. Ya en el Zócalo había terminado el mitin. A las 22:40 la retaguardia cruzaba, nutrida, lenta, Isabel la Católica. Ya sobre Francisco I. Madero regresaban hacia el Eje Central grupos provenientes del Zócalo. Los últimos manifestantes, de la Universidad Autónoma Metropolitana, entraron a la Plaza de la Constitución alrededor de las 23:00.
Desde la movilización del 8 de mayo de 2011, convocada por Javier Sicilia, no se había visto tanta gente llegar en marcha al Zócalo.  Más de 4 horas 30 minutos de desarrollo después de su inicio.
¿Qué significado tiene este evento luego de que desde diciembre de 2012 se iniciara una embestida del gobierno federal y de la ciudad de México en contra de la protesta y la movilización social, encapsulando las marchas y propiciando la represión y al miedo?
1. Naturalmente, la convocatoria por la causa de los normalistas asesinados y los desaparecidos ha sacudido la conciencia aletargada, la apatía y la inercia del miedo. Los estudiantes observan el crimen como un posible espejo. Porque sí, la mayoría movilizada es de estudiantes.
2. Históricamente, si la Matanza de Tlatelolco ha significado el despertar de la conciencia social y la lucha política por una sociedad más democrática, la Masacre de Ayotzinapa representa el más bárbaro recordatorio de que México vive aún en la prehistoria política, en la violencia y la impunidad.
3. En lo inmediato, marchar multitudinariamente, después del miedo y el acoso impuesto desde el 1 de diciembre de 2012, significa recobrar el derecho mínimo a la calle, a protestar contra la injusticia y el régimen que representa al sistema que ha socialmente fracasado desde su imposición hace más de 30 años. Porque el horror de Ayotzinapa no es un hecho aislado o surgido de la nada, es consecuencia de un sistema putrefacto.
4. Que los jóvenes, los estudiantes no están sedados, que todavía se mueven las fibras de la conciencia y la solidaridad.
5. Significa también una advertencia al régimen y un llamado a la sociedad en general a que despierte de su letargo, que sacuda el miedo, se solidarice y luche por los derechos socavados por la injusticia, la corrupción y la impunidad.
6. Con toda la indignación y el dolor que produce el barbárico crimen a la sociedad y a las familias de las víctimas, Ayotzinapa y sus estudiantes son la razón de un despertar, el erguirse de una bandera de lucha que no termina, que sigue y sigue.
7. Y la recuperación de la calle y la ratificación del derecho a la protesta frente a un régimen que actúa en dirección contraria a la sociedad, debe ser refrendado como una conquista permanente. Lo dijeron muchos: Peña y Mancera no se han atrevido esta vez a recurrir al método represor impuesto durante los dos últimos años. Grave error habría sido.
8. Significa, sobre todo, clamor de justicia absoluta.
Lo más vibrante, lo más emotivo de la marcha ha sido, más aún que la propia concentración del Zócalo, la lenta y apretujada procesión pletórica de expresiones, convencida de su causa y su razón. Y es que como en la ocasión anterior, el 8 de octubre, en el templete ha faltado, en el momento de darse los pronunciamientos y los mensajes, la coordinación que dé justa dimensión al clamor de la calle.
Por la naturaleza de la convocatoria, donde no hay un líder visible o varios, el efecto final se diluye: 1) Hace falta una coordinación entre los familiares de los estudiantes asesinados y desaparecidos y los grupos concitados a la movilización. 2) La marcha debió haber comenzado una hora más temprano. 3) Debió haberse coordinado su entrada al Zócalo por el cañón que es 5 de mayo de manera más ágil, fluyendo por ambos flancos. 4) Debió haberse esperado un poco más la llegada de la mayor parte del contingente para iniciar el acto. Así se habría logrado un impacto mayor. Deberían hacerse ajustes para la próxima convocatoria, no dejar el evento al mero hecho de la espontaneidad, que es valiosa, pero que requiere de coordinación.
¿Cuántas personas acudieron al llamado? Difícil saber; decenas de miles. Lo importante es, sin embargo, junto al clamor de encontrar a los desaparecidos y la acción verdadera de la justicia, que, con todo, Ayotzinapa vive; México vive.

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