domingo, 19 de octubre de 2014


El “¡ya basta!” de los europeos a Peña; caída del teatrito oficial

@NietzscheAristomar 14 oct 2014 16:02
  
 
En México, y el mismo fin de semana, la delegación de la UE y embajadores de los países miembros de la misma hicieron pública su preocupación por los casos de violencia e impunidad en Tlatlaya, Estado de México, e Iguala, Guerrero.
Tiene razón la eurodiputada alemana Barbara Lochbihler, vicepresidenta de la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento Europeo, en exclamar ¡ya basta!, en estar indignada, preocupada y con rabia ante los recientes acontecimientos sucedidos en Iguala -el asesinato y desaparición de jóvenes normalistas de Ayotzinapa-, pues mientras las negociaciones para las firmas del Acuerdo Global del 2000 y la Asociación Estratégica del 2008 entre México y la Unión Europea (UE) se llevaban a cabo, “Ni los incontables torturados ni los cerca de 26 mil desaparecidos, ni la colaboración de autoridades en alto nivel con el crimen organizado…[llevaron] a Bruselas a asumir las consecuencias. Ni una palabra crítica al respecto…” (Proceso; 10-10-14). Es decir, la UE fue cómplice silenciosa de esos terribles acontecimientos y de las decenas de miles de muertes durante el gobierno de Calderón.
Este Acuerdo y la Asociación “establecen mecanismos de cooperación entre ambas partes en el respeto indivisible de los derechos humanos y la seguridad de los ciudadanos, como se estipula en la cláusula de derechos humanos”, y ahora que para 2015 se prevé una “modernización” del Acuerdo, un grupo de 16 diputados del Parlamento Europeo con sede en Bruselas, Bélgica, “profundamente consternados”, han solicitado que el proceso de negociación del Acuerdo sea suspendido hasta “poder reconstruir la confianza” en materia de derechos humanos con las autoridades mexicanas.
Esto lo han expresado “…en una misiva dirigida a Catherine Ashton, la Alta Representante de la UE para Asuntos Exteriores; a Federica Mogherini, quien fue designada para reemplazar a Ashton a partir del 1 de noviembre; y a… Enrique Peña Nieto”: “…Creemos firmemente que cualquier modernización del Acuerdo Global,…, tiene que ser puesta en espera y sus objetivos y áreas previstas para la liberalización deben ser revisadas”. “El crimen organizado… tiene que ser detenido, dondequiera que se halle, y las lagunas jurídicas tienen que ser eliminadas más allá del área económica” (Proceso; mío, el subrayado).
Al exigir que no se dé un paso más en las referidas negociaciones, instan a Peña a esclarecer y sancionar el crimen de Iguala, “ya es hora de acabar con la impunidad en México”.
Mientras tanto, en México, y el mismo fin de semana, la delegación de la UE y embajadores de los países miembros de la misma hicieron pública su preocupación por los casos de violencia e impunidad en Tlatlaya, Estado de México, e Iguala, Guerrero (El Mañana, Nuevo Laredo; 12-10-14)
Poca cosa han exigido los diputados de Austria, Francia, Suecia, Alemania, Finlandia, Reino Unido, España y Bélgica, hacer justicia y acabar con la impunidad en México. Y bueno, ya hasta el propio Obama ha demandado esclarecimiento del asunto de Tlatlaya, que si no ha sido por él, continuaría soterrado.
Como han dicho ya varios especialistas, a Peña Nieto y a los legisladores que aprobaron por dedazo la llamada reforma energética se les ha caído el teatrito del éxito incontrovertible de la misma en el exterior; el show de los premios y reconocimientos. Y es que, obvio, por muy cabrones que sean los europeos, y más aún los gringos, a la hora de venir a extraer la riqueza mexicana, no van exponer tan fácilmente a sus conciudadanos; demandarán lo que sea necesario para someter al crimen y, también de paso y quizá sobre todo, la protesta social ante la miseria y la violencia que proviene del Estado o del crimen.
Los extranjeros exigen un país limpio de violencia, pues no han de ver con mucho entusiasmo a un estudiante alemán con el trasero agujereado por la policía de Guerrero (que digan que le fue bien). O turistas españolas violadas. O gringos motociclistas asesinados. Y, naturalmente, limpio de protestas mexicanas para dejar el campo abierto a la expoliación.
Pero más allá de una verdadera preocupación europea por los derechos humanos de los mexicanos, o gringa por la seguridad de sus ciudadanos e intereses, la consecuencia de la caída del teatro oficialista, o de la máscara del nuevo rostro, es que con los acontecimientos recientes, que no son más que una muestra del total del mar de calamidades, se desnuda la aciaga realidad mexicana: el contraste entre el mundo, la visión y la versión oficial feliz de las cosas y la triste y trágica realidad de la miseria, corrupción, violencia e impunidad entre la mayoría de los mexicanos.
Nada de celebratorio hay en el fracaso del gobierno y el estado mexicano. Pero si después de tantos años de prueba y promesas todo sigue, más que igual, peor, algo debiera de cambiarse en otro sentido distinto al que se ha seguido y se sigue aún. Pero sólo falta que ante la exigencia extranjera se vuelva a recurrir al necio monólogo del nuevo rostro: “Con la reforma energética todo va a cambiar…pero no tan rápido… (y quien sabe si para bien); mientras tanto, ¡sigamos moviendo a México!”.

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