¿Garrote de Atenco como política de gobierno?; priismo puro
El detonador del surgimiento del grupo y movimiento #YoSoy132 sería la respuesta autoritaria de Peña Nieto, la justificación del uso de la fuerza policiaca, ante los cuestionamientos por la violencia y represión ejecutadas en Atenco en 2006. Estas fueron sus palabras en la Universidad Iberoamericana:
“Tomé la decisión de emplear el uso de la fuerza pública… Una acción determinada personalmente, que asumo personalmente, para restablecer el orden y la paz en el legítimo derecho que tiene el estado mexicano de hacer uso de la fuerza pública”.
Palabras y acto que le acercaron al discurso y los hechos ejecutados en su tiempo por Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría Álvarez (como mostré en columna del año pasado, “Echeverría, Díaz-Ordaz y Peña vs los chicos del ‘coro fácil’”; SDPNoticias.com, 19-05-12), La consecuencia inmediata a la provocadora respuesta fue el crecimiento de la oposición de jóvenes contra Peña y el inicio de la debacle de su campaña tenida hasta entonces como imbatible por los medios masivos interesados.
Y aunque Peña se equivocaba porque como gobernador del Estado de México no comandaba la fuerza del estado mexicano, solamente la de su gobierno, dio muestra del talante autoritario que muchos han visto nuevamente asomado en las acciones violentas del aún oscuro primero de diciembre de 2012, y en el desalojo de los maestros de la autopista del sol.
Ante las disidencias magisteriales en los estados de Guerrero y Oaxaca, Peña y los funcionarios bajo su mando vuelven al discurso autoritario como intimidación elocuente:
1. Chuayfett Chemor; ultimátum del despido: “Que la ley se aplique. ¿Qué pasa si usted no va a trabajar?, se le descuenta el día, y ¿qué pasa si usted no asiste varios días, injustificadamente, a trabajar?, se da por terminada la relación laboral”.
2. Osorio Chong; amenaza a secas: “No habrá impunidad por marchas magisteriales”.
3. Mondragón y Kalb; garrote trepador: “Todo tiene un límite”.
4. Peña Nieto; como en Atenco, la orden: “…ninguna presión pondrá en riesgo el desarrollo de las nuevas generaciones” (¿qué cualidad autoriza a Peña a hablar a nombre de los jóvenes?); “Los maestros que estén comprometidos, tendrán el respaldo del presidente y del Gobierno de la República” (¿y los que tengan otra perspectiva?, ¿palo, como en Atenco?). “No permitiremos presiones por la reforma educativa”.
Algunos dicen que hacen mal los disidentes en bloquear una autopista vital para el turismo nacional (como siempre, el problema interno es lo de menos); otros que deben considerarse las propuestas de quienes no están de acuerdo con la “reforma educativa” (hay quien no ve que exista tal reforma); otros más, que debe prevalecer el diálogo.
Mondragón, hablando por Peña, Chong y Cheymor, resumiéndolos, afirmó, severo, que todo tenía un límite (¿impuesto, medido, por quién?), y por ello ordenó el uso de la fuerza. Sólo escudos, toletes y policías en cantidad mayúscula, sometimientos y gases, nada de armas; sólo eso faltó. Sobre el número de detenidos y la forma de su detención y su condición no quiso hablar.
Como ayer en Atenco, hoy en la autopista del sol la policía peñista “siempre en vigilia”. Priismo puro; con o sin máscara nueva.
Y siempre existirá la “tara” de algún porrista como Ricardo Alemán que diga “¡Sí se puede!”. No hay que perderse en el delirio de los porristas, siempre será mejor el diálogo.

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