martes, 17 de abril de 2012

La educación de Andrés Manuel-- POLIMNIA ROMANA

Apostarle a la EDUCACIÓN es quizá la mejor propuesta del candidato de las fuerzas progresistas, y la que más les duele a sus adversarios. Lo es porque no sólo se limita a una promesa de campaña sino que forma parte de su férrea convicción de que el futuro de México está en las nuevas generaciones, que han sido relegadas por los gobiernos neoliberales desde hace más de 30 años.

Un pueblo educado, instruido e informado difícilmente puede ser manipulado y engañado por sus opresores. Esa ha sido la estrategia de los gobiernos priístas y panistas para mantenerse en el poder.

Después de que Andrés Manuel López Obrador presentó ayer su propuesta en materia educativa, los comentaristas de los medios de comunicación afiliados a la derecha se lanzaron con descalificaciones y las mismas mentiras que difundieron en 2006 sobre el peligro para México si logra ganar el 1º de julio, lo que revela dos cosas indiscutibles: la primera, que realmente las encuestas que difunden están copeteadas, sí con copete de gel, y que López Obrador sigue contando con la simpatía y el apoyo de millones de mexicanos, y la segunda, que de llegar al poder pondrá en marcha su proyecto educativo, que incluye el combate a los cacicazgos que tanto daño le han hecho al magisterio, y, lo más importante, que los jóvenes contarán con apoyo y espacio en las escuelas para estudiar, con lo que a largo plazo disminuirá la ignorancia en el país.

Recordemos que ni PRI ni PAN le han quitado poder a Elba Esther Gordillo, al contrario, la necesitan para el “trabajo” electoral que les asegura triunfos gracias a su estructura de maestros-mapaches en tiempo de elecciones.

Corregir las irregularidades y deficiencias con la llegada del doctor Juan Ramón de la Fuente a la Secretaría de Educación Pública, en caso de que triunfe López Obrador, atenta contra el negocio que han hecho de la educación gobiernos, particulares y cacique. Son muchos los intereses que están de por medio y por eso van a tratar de impedir que las cosas cambien.

López Obrador habló claro y dijo que en aras de un fundamentalismo tecnocrático, en los últimos años la educación en México se puso al mercado como si se tratara de una mercancía, convirtiendo un DERECHO SOCIAL FUNDAMENTAL en un privilegio. Por eso propone ampliar y mejorar la calidad de la enseñanza especialmente en las escuelas públicas, para que la educación no sea un privilegio de los que pueden pagar una escuela privada, sino que se cumpla el mandato constitucional de que la educación sea gratuita, laica y obligatoria para TODOS los mexicanos.

Calculando la proliferación de escuelas privadas y la cantidad de dinero que recaudan sus dueños, es lógico suponer que la llegada de Andrés Manuel atenta contra sus intereses pero tenemos que considerar que el interés general es el que debe prevalecer. Cerrar los espacios públicos para orillar a la gente a recurrir a la educación privada podría ser factible si no existiera tanta pobreza. En estos momentos la prioridad es que nadie se quede sin escuela para empezar a construir una sociedad menos desvalida, vulnerable y propensa a caer en las conductas antisociales.

Otra convicción de Andrés Manuel, que cala hondo en el discurso oficial y en la clase privilegiada, es que la actual crisis de seguridad y violencia se debe en gran medida al abandono de la educación pública, en especial de los jóvenes. Lo ha dicho en muchas ocasiones, la violencia no se combate con más violencia sino mejorando las condiciones de vida de la gente y brindando oportunidades de estudio y de trabajo a la población.

La necedad de continuar una guerra contra la delincuencia organizada, como lo pretenden abiertamente los aspirantes del PRI y del PAN, deja a un lado combatir las causas y no las consecuencias.

Nadie en su sano juicio puede creer que el regreso del PRI va a beneficiar a los niños y a los jóvenes sin escuela, al contrario, su retorno, toquemos madera, tiene como fin profundizar la impunidad de los funcionarios y políticos que le han hecho tanto daño a México, y que han provocado la actual decadencia del país en materia educativa, económica, política y social.

Cuando López Obrador asegura que sí hay presupuesto suficiente para la educación y lo que ha faltado es voluntad política para asignarlo y ejercerlo de manera equitativa, de inmediato se sienten agredidos quienes pensando en sus intereses personales y de grupo abandonaron por completo la educación pública y nos condujeron a esta crisis.

Los que estando en el poder no le apostaron a la educación, hoy mienten al prometer cambios y mejoras que nunca hicieron.

¿Por qué creerles a ellos y no a quien sí lo hizo durante su gestión como Jefe de Gobierno del D.F.?

No olvidemos que la capital del país es una de las entidades menos inseguras y con menos violencia; con más conciencia social y dispuesta a participar políticamente para generar un cambio que nos beneficie a todos y no a unos cuantos. No es casualidad, los programas sociales, culturales y educativos con los que cuentan los capitalinos han sido determinantes.

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