Dialoguemos, pero tú cállate
Es ingenuo adoptar una postura radical a favor del gobierno o de los maestros de la CNTE. Cada uno tiene toda la razón en algunos puntos. Lo criticable son los métodos violentos de ambas partes. Ojalá tuviéramos todos la capacidad de escucharnos, compartir información y puntos de vista, para así encontrar soluciones.
Es verdad que todos los mexicanos somos coresponsables del mal funcionamiento del país cada vez que no respetamos las reglas o elegimos el camino fácil, sin importar a quién estamos afectando. Aún así, del mismo modo que a los adultos nos corresponde educar con el ejemplo, al gobierno, ese ente visible, articulado, poderoso y armado, le toca ser congruente con su discurso pro derechos humanos y dar el primer paso en pro de la paz: escuchar. Es indispensable que revisen a fondo la reforma educativa y acepten que quienes han trabajado en las aulas por muchos años son quienes conocen mejor que nadie –porque las han padecido– las condiciones y necesidades de la educación en el país .
Reconozco que al principio yo fui de las que dijo: “Pues si los estudiantes deben evaluarse, es justo que los maestros lo hagan”. Fue una maestra de la escuela de mi hija –que sí se evaluó y aprobó– quien me hizo ver que no era justo que se le aplicara el mismo examen a ella y a una maestra rural. Ella es una profesora de clase media que da clases en una escuela particular, en un salón digno, limpio, con estudiantes que sí desayunan bien y viven cerca de la escuela. La otra enseña en una escuela de difícil acceso, sin techo o sin baños y muy probablemente, antes de ser maestra, padeció las mismas carencias que hoy padecen sus alumnos. Muchas veces no tienen siquiera libros ni materiales didácticos.
En Canal 11 vi una entrevista con un maestro de la CNTE que explicaba que la función de un maestro, especialmente en condiciones tan precarias, va más allá de enseñar matemáticas o geografía y tendría que evaluarse también la calidad humana, el buen manejo de grupo, el compromiso con los alumnos, y el hecho de que den las clases en la lengua materna de los niños, que muchas veces no hablan español. A veces el reto principal es mantener a los niños en la escuela. Convencer a los padres de que no saquen a las niñas, que las dejen seguir estudiando.
Escuchando a Manuel Gil Antón, maestro del Colegio de México, entendí otro par de cosas: además de que no se tomó en cuenta a los maestros a la hora de diseñar una reforma supuestamente educativa, que es más bien administrativa y laboral, hay otra cosa grave. Se ha puesto sobre los hombros de los maestros toda la responsabilidad de las deficiencias de la educación en México, como si no fueran parte de un sistema que involucra a políticos y líderes sindicales que han manipulado al magisterio por años, programas educativos ineficaces y libros fallidos, presupuestos que no llegan a su destino, padres de familia que no se involucran, etc…
Además de las consecuencias académicas y la pérdida de tiempo para los pobres alumnos, lo más triste de este conflicto es que el enfrentamiento en el campo de batalla no se da entre policías y maestros. Se da entre vecinos, entre hermanos, entre padres e hijos.
Me contaron una historia de un policía oaxaqueño, cuyo hijo es maestro. Habían dejado de verse. En una protesta reciente les tocó estar frente a frente. El padre tiró el escudo y el casco, y lo dejó pasar. Los mandos superiores lo arrestaron . ¿Será que ellos hubieran actuado distinto si se hubiera tratado de un hijo suyo? ¿Será que no les queda nada de humano?
Me pregunto cuántos de los policías locales habrán sido alumnos de alguno de esos maestros, a los que ahora combaten. Pienso también en los policías que tienen hijos en edad escolar y por lo tanto, son padres de familia.
Las mayores víctimas son las niñas y niños que no solo están sin clases, sino que viven rodeados de armas, sangre, miedo y muertos. Y como nunca dejan de observar y aprender, algo están aprendiendo: que los adultos son unos imbéciles, incapaces de escucharse, respetarse o ponerse de acuerdo. Que los problemas se arreglan a golpes y a balazos, y que gana el que sobrevive.
Ojalá que después de la reunión más reciente de la CNTE con Gobernación, de verdad lleguen a algún acuerdo justo. Que recuerden que negociar significa ceder un poco cada quien. Que no imperen ni la cerrazón ni los intereses políticos . Y que todos los demás podamos hablar de esto con amigos y familiares, demostrándoles a nuestros propios niños que los adultos sí sabemos dialogar.
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