
Por Paquita
13 de Mayo, 2009 - 12:19
Empezó la carrera electoral, una muy difícil, pues el índice de participación para estas elecciones se proyecta muy bajo. Además las instituciones tienen cada vez menos credibilidad y el país está bailando sobre arenas movedizas gracias al descontento provocado, potenciado y evidenciado por las propias instituciones. Los funcionarios dejaron la banderita izada mientras dejan sus oficinas para salir a hacer campaña por sus compañeros de partido, olvidándoseles que ahora son representantes del pueblo y no de sus grupúsculos.
Basta con analizar lo que sucedió en la cámara de diputados con motivo de la contingencia sanitaria. Con apenas el suficiente quórum para votar las iniciativas, el equipo legislativo estaba conformado por las huestes panistas prácticamente completas, más de la mitad de los priístas y mucho menos de la mitad de los perredistas. Y sucedieron las movidas de siempre; el PAN le hizo manita de puerco al PRI para obligarlo a pasar las reformas, con presiones electoreras y finalmente aprobaron leyes tan importantes como la Ley de la Policía Federal, otra de Contratos de Obras Públicas, una acerca del narcomenudeo y algunas modificaciones a las leyes de Seguridad Pública para dotar de más facultades al ejército. Seguramente Fecal las traía guardadas por ahí en algún sobrecito oscuro esperando la oportunidad para sacarlas con la menor resistencia posible, ¡y se le hizo! Lo mejor de todo es que la oposición se puso de pechito, ya que no tenían siquiera la cantidad suficiente de legisladores para inclinar la balanza en favor de discutir estos temas tan trascendentes en un periodo extraodinario de sesiones en vez de hacerlo a la carrera en un solo día. Noooo, el PRD estaba con licencia electorera para tratar de rasurarle a algunos votos a Convergencia-PT en vez de oponerse a las iniciativas de Fecal tendientes a suspender las garantías individuales y a cederle una parte del mercado petrolero mexicano a empresas extranjeras. ¿Dónde está la oposición? En campaña.
Es cuestión de recordarles a los aspirantes a curul de esta nueva oleada que son representantes del pueblo y serán vigilados en cada oportunidad por los ciudadanos que votarán por ellos. Que el otorgar un sufragio sea además un compromiso de asumir la responsabilidad de vigilar qué hace el diputado, ya en la cámara.
Sin embargo, lograr que exista una participación suficiente como para legitimar la elección, será un trabajo titánico. El PRI y su “movimiento territorial” (frase que suena a narcocampaña), conoce muy bien los mecanismos para sortear la falta de participación en las elecciones, pero los partidos de oposición están más ocupados en quitarse votos entre sí que en lograr que sus candidatos obtengan un triunfo. Mientras tanto el PAN está echando toda la carne al asador colgándose de los proyectos del gobierno federal para promocionarse, muy mala estrategia.
Y así moviéndose las aguas, la perspectiva no resulta muy alentadora, a menos que, al igual que en 2006 la ciudadanía tome el papel protagónico en las elecciones, a favor del pueblo.
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