sábado, 14 de abril de 2012

Josefina y el desempleo-- POLIMNIA ROMANA

Me llamó la atención una nota de ayer en el diario La Jornada que revela la contradicción que existe entre las cifras de desempleo que nos da el gobierno con las obtenidas por el Centro de Análisis Multidisciplinario, CAM, de la Universidad Nacional Autónoma de México, en las que sostiene que el número real de desempleados en México es de 8.7 MILLONES DE PERSONAS y no de 2.5 millones que el INEGI identifica como población desocupada al cierre de 2011.

En su investigación, el órgano de análisis de la UNAM señala que el gobierno mexicano ha encubierto de manera permanente las cifras reales de desempleo en el país, debido a que la metodología que utiliza el INEGI para medir la tasa de desocupación no es la adecuada pues sólo contempla a los desocupados que han buscado trabajo durante el último mes pero deja de lado a quienes ya se cansaron de buscar o ya no creen tener oportunidad de encontrarlo.

La diferencia entre 8.7 y 2.5 millones no es sólo un errorcito, se trata de un número considerable de personas que no tienen como sostener a su familia y que buscan sobrevivir de alguna manera. El desempleo que ha generado el “presidente del empleo” debería ser razón suficiente para llamarlo a cuentas, cosa que no ocurrirá, ya va de salida lo mismo que su candidata.

Disminuir la cifra no cambia la realidad, quienes tienen empleo podrán creer la mentira pero 8.7 millones de desempleados no.

Andrés Manuel López Obrador plantea, en caso de que lo favorezca el triunfo, la creación inmediata de empleos, y en vez de que su propuesta sea apoyada por los medios de comunicación, los comentaristas de la derecha se burlan de la medida aduciendo que no hay dinero para eso.

Claro que hay y habrá dinero para eso y para ampliar los espacios en las escuelas para los jóvenes, y para construir refinerías, y para apoyar al campo y a los pequeños y medianos productores, y para echar a andar programas sociales que mejoren el bienestar de la gente.

Lo que no mencionan estos comentaristas es que López Obrador propone también un plan de AUSTERIDAD republicana para eliminar los privilegios de la alta burocracia, la exención de impuestos de los grandes empresarios y el combate a fondo a la corrupción en todos los niveles de gobierno.

Haciendo bien las cuentas y repartiendo con equidad el presupuesto nacional, ¡claro que alcanza! para empezar a revertir los daños que le han causado a México los malos gobiernos del PRI y del PAN.

Es cierto que la falta de democratización de los medios de comunicación provocó por mucho tiempo la enajenación y el dominio de la gente a través de la difusión de datos falsos y mentiras de los gobernantes a los que apoyan pero las cosas han cambiado.

Hoy tenemos la oportunidad de que las fuerzas progresistas asuman el poder, no sólo porque las representa un líder honesto y capaz de sacar adelante al país, sino porque un sector importante de la sociedad ha despertado y va a defender el voto el próximo 1º de julio

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