jueves, 21 de marzo de 2013


Ciudad Perdida
Un nuevo aeropuerto ¿en Texcoco?
Crecen los problemas en torno al transporte público
Miguel Ángel Velázquez
U
n aeropuerto para la ciudad de México. Suena bien. Está claro que la estación aeroportuaria es más que necesaria. Lo expertos aseguran que no sólo ya no satisface las necesidades de esta urbe, sino que ya no cabe el espacio que tiene. Sí, suena bien, pero no nos han aclarado si este aeropuerto para la ciudad será una extensión del que ya existe, o se revivirá el viejo proyecto de Atenco, de Texcoco.
Ya en este espacio informamos de las intenciones del gobierno federal por construir esa central, y los peligros, principalmente económicos, que eso significa para cuando menos tres delegaciones del DF.
En el gobierno de Miguel Ángel Mancera, ya se sabía del proyecto, y los especialistas le han pegado a la computadora para poner en claro lo que en verdad significa el asunto. Los resultados han prendido focos rojos entre las autoridades porque el tamaño de las afectaciones tal vez no se compensen con los supuestos beneficios del nuevo aeropuerto.
Resulta que buena parte de los habitantes de las delegaciones Venustiano Carranza, Gustavo A. Madero, buena parte de Iztapalapa, y hasta la delegación Cuauhtémoc se verían afectadas por la nueva central. Es importante señalar que una parte de quienes viven en las primeras tres prestan todo tipo de servicios dentro del aeropuerto. Desde maleteros hasta pilotos, que las actividades económicas de muchas otras personas fuera del aeropuerto, tanto taxistas, y hasta taqueros, viven de lo que pasa en ese lugar.
Preocupa porque si la alternativa es mandar la mayor parte de los servicios aeroportuarios a otra entidad –el estado de México, por ejemplo–, todo lo que sucede alrededor de actual puerto aéreo quedaría a la deriva, y es muy posible que muchos de los actuales empleados queden fuera de su trabajo.
Esa es la preocupación de la gente en el DF, pero en el estado de México las cosas no van por buen camino, aunque a decir verdad no tan son extremas como cuando Fox se encaprichó con el proyecto. Parece que ahora sí se están pagando precios justos por la tierra y que la gente con muchas necesidad ha empezado a vender sus predios, lo que indica que la posibilidad de que el puerto aéreo se construya por los rumbos de Texcoco se ve como cierta.
Los que saben más en serio del asunto dicen que el aeropuerto del DF seguiría en pie, como una estación alterna, pero tendrá su vida dedicada a trabajos de carga y descarga, lo que podría obrar en favor de los empleados, pero el asunto es que los daños colaterales son lo que más preocupa a la autoridades del gobierno de Mancera que buscan respuestas al proyecto, pero no tienen aún nada definido, y Peña Nieto, heredero del capricho de Fox, pese a todo va por el aeropuerto.
De Pasadita
Algo está sucediendo con el transporte en la ciudad. Los microbuseros cada vez están más locos y provocan más accidentes, los socios del Metrobús exigen tarifas más altas, los taxistas se quejan de que ya no se soportan los aumentos en la gasolina con las tarifas actuales, y por donde quiera se miran descontentos.
El secretario de Transporte parece existir sólo para la foto, mientras los reclamos aumentan. Y no se calman ni con las promesas que el funcionario les ha hecho en el sentido de que las tarifas del transporte, de todo el transporte en el DF, tandrán que aumentar más allá de lo que la inflación marca.
Habrá que tener mucho cuidado con las decisiones que se tomen porque en una de esas lo que se propone como la posibilidad de lograr mejores servicios puede resultar un golpe severo a la economía de los más, que se ahoga en deudas y que no encuentra salidas a su situación económica. Seguramente lo que se requiere es que alguien explique, punto por punto qué pasa con el servicio público de transporte para que las pasiones no se desborden, y en la Setravi no parece que exista alguien que lo sepa hacer. ¡Aguas!

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