jueves, 16 de julio de 2009

¡Qué país! Rosario Ibarra

16 de julio de 2009
Salía de mi casa en Monterrey hace unas horas con rumbo al aeropuerto, para llegar a mi amado Distrito Federal a tiempo para reunir estas palabras. Todavía me inquietaba el recuerdo de las lecturas en publicaciones diarias y hebdomadarias acerca del terror, de los crímenes, de la sevicia, de la crueldad, del desenfreno de los instintos criminales, en fin, de todo lo que padecemos a diario en este pobre y maltratado país.
“La gente está horrorizada” —se escucha no pocas veces—, y es cierto: la gente, el pueblo, todos los que formamos el conglomerado que no da órdenes en este país estamos horrorizados del acatamiento de las órdenes de los que ordenan... aunque sea en contra de la Constitución.


Habemos algunos que nos negamos a aceptar calladamente esa clase de órdenes (¡que no son nuevas!, hay que decirlo). Desde hace muchos años los males terribles que ha hecho el pobre pueblo uniformado contra el resto sin uniforme han dejado rastros de dolor infinito en miles de hogares de este país.

Se viene a mi memoria la visión de aquel día en que cayó asesinado Rubén Jaramillo y junto a él casi todos los miembros de su familia... La orden de cometer tamaña infamia llegó “de muy arriba” —se dice—, y la cumplieron “soldados vestidos de campesinos”, según se canta en algunos corridos, como suele hacerlo el pueblo cuando sufre...


Pienso en una tarde de hace años; pienso en una plaza llamada “de las tres culturas” en la que se cometió un crimen, uno de los más aberrantes crímenes de que se tenga memoria...

No es extraño el nombre del batallón que lo perpetró. “Olimpia” era su nombre... Y de ignorantes no los acusamos, los acusamos de perversos... Olimpia era —lo sabemos— era Élide, ciudad del Peloponeso donde se celebraban los Juegos Olímpicos.... pero la conducta de quienes bautizaron el batallón enturbió para siempre la cultura que pudieran tener y los situó en el peor lugar de la historia.


Con todos los hechos sangrientos de crueldad inaudita que se llevaron a cabo durante la larga dictadura priísta, podrían tal vez llenarse varios tomos de la que pudiera ser llamada la enciclopedia del crimen oficial en México, porque el capítulo de las desapariciones forzadas inició también durante esos años, asunto terrible sin solución aún y que desgraciadamente fue copiado en toda su crudeza y sus dimensiones por el mal llamado “gobierno del cambio”... ¿Del cambio? ¿Cuál? Si parece que tiene de “consejero” al tristemente célebre LEA.


Pero dejando lo de las copias a un lado, hay que decir que aparte de las “imitaciones” de los gobiernos “blanquiazules” están todas las acciones propias de su idiosincrasia, y en el caso del presente, de su origen.

Sacar al Ejército de sus cuarteles a “cumplir” acciones que no le competen, haciendo caso omiso de la Constitución, es un símbolo inequívoco de la inseguridad de un gobernante, que lo único que logra con ello es sembrar el miedo en el pueblo, intimidado por la presencia militar en calles y en caminos de toda la República, y aparte, manchar aún más la imagen de las Fuerzas Armadas, otrora respetadas por ese mismo pueblo.


Y ahora, el terror y el miedo se acrecientan. Miles de asesinados, decapitados, algunos con huellas de tortura. Cosas terribles suceden en Michoacán, en Chihuahua (¿y las llamadas “muertas de Juárez?... ¡pst!, parece haber dicho el gobierno, mientras sus familiares sufren).

¿Y las vacaciones?... ¡Son impostergables!, dicen los señores “supremos de justicia”, y los padres de los niños muertos en la guardería... ¡que esperen, faltaba más!

Las vacaciones son las vacaciones... Y en este recuento del terrorismo de Estado no podrían quedar fuera algunas otras cosas no tan terroristas, pero sí que el pueblo no olvida y que su inteligencia negada por los de arriba guarda celosamente... Por ejemplo: el dicho de los defensores de derechos humanos: sí, aquello de la “gastritis mal atendida”, copia fidelísima del criterio del gobernante metido a forense, en contraste sorprendente con las actuales críticas a las acciones del Ejército... en las postrimerías de los 10 años... ¡Qué país!

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