domingo, 25 de abril de 2010

¿Quién contaminará más? --Antonio Gershenson

La Agencia Internacional de Energía (AIE), algo así como un equivalente de las Naciones Unidas en el terreno de la energía, publicó a finales del año pasado un libro intitulado Un carbón más limpio en China. Este tema ha seguido discutiéndose en ese organismo y en diferentes medios que circulan por Internet. E incluso se han hecho comparaciones con lo que pasa en Estados Unidos, país que nuestros tecnócratas suelen tomar como modelo... salvo para copiar sus salarios mínimos y cosas así.

Creo que nuestros lectores tienen derecho a estar informados sobre algo tan importante, y voy a emplear este espacio para avanzar en ese sentido hasta donde pueda. Uno de los elementos no tan conocidos es que China, que ha tenido una generación de electricidad a partir del carbón en 80 por ciento (tienen abundancia del mineral respectivo), ha impulsado en forma muy intensa la generación a partir de fuentes renovables. En materia hidroeléctrica, tiene la mayor planta del mundo, con objetivo original de poco más de 18 gigavatios (GW), y que tiene una nueva meta de 22.4 GW. Se espera que la capacidad de generación total hidroeléctrica sea de 190 GW para fin de este año, y para 2020 de 300 GW.

En materia de generación con viento, están en desarrollo siete gigantes campos eólicos, cada uno de 10 GW a 30 GW. En su mayoría están a lo largo de una franja, con excelente régimen de viento, a lo largo del norte del país, en y alrededor del desierto de Gobi. Se espera que para 2020 tenga una capacidad de 120 a 150 GW. Como antecedente, se había duplicado la capacidad de generación eólica en la primera mitad de 2009.

Para 2020, se espera una capacidad de generación total de mil 500 GW, mayor que la de Estados Unidos. De ahí, 20 por ciento sería hidroeléctrica y 15 por ciento con fuentes renovables no hidráulicas, como el viento. Con el crecimiento en China de la economía y del consumo de energía, no basta con esto. Aunque la participación del carbón en la generación total se reduzca, seguirá siendo mayoritaria.

Por un lado, una medida es la construcción de medios de comunicación más eficientes. Primero, están los trenes rápidos, porque no sólo desplazan al transporte terrestre que consume combustibles derivados del petróleo o del gas, sino que, con su rapidez, desplazan al transporte aéreo. Todas las nuevas rutas de tren rápido, incluso las inauguradas recientemente, tienen una velocidad promedio de 350 kilómetros por hora. Incluso otros ferrocarriles se están electrificando y modernizando. Se agregan 800 trenes rápidos en un periodo de tres años, como parte del programa de recuperación económica contra la crisis internacional.

En materia de carbón, el sumario ejecutivo del libro de la AIE sobre China, mencionado al principio, nos resume el eje de los cambios al respecto. Se incluyen “algunos de los equipos de mayor escala y más avanzados en el mundo, desde equipos de minería totalmente automatizados y modernas lavadoras de carbón, hasta plantas de energía ultra supercríticas con unidades de mil MW, y gasificadores industriales de carbón”. También agrega la desulfurización para reducir más los contaminantes.
Agregamos la obligación, en China, de cerrar plantas viejas y relativamente chicas de carbón, a medida que entran en operación las nuevas y grandes. Hay criterios para definir qué tanta capacidad “vieja” debe sacarse de la operación por cada nueva que entra. Y hay casos en los que las plantas que se cierran consumían el doble de carbón que las nuevas para producir la misma cantidad de electricidad, además de ser más contaminantes como tales.

Hay otra regla para las plantas nuevas de carbón. Las de más de 600 MW de potencia deben ser ultra supercríticas por su mayor eficiencia. Los reportes de este tipo de plantas funcionando van de 43 a 45 por ciento de eficiencia.

Hay otros elementos en la polémica, en especial nos referimos a comparaciones de esta realidad china con la de Estados Unidos. Las medidas mencionadas aquí, se dice, no tienen comparación con otras que se hayan tomado en Estados Unidos. La mitad de electricidad en ese país se ha generado a partir de carbón. El medio principal de cambio ha sido la gasificación del carbón. Pero no hay ningún “cierre programado” de plantas viejas como en China. Siguen funcionando, sin modificaciones, plantas de carbón construidas hace décadas.

La mayor eficiencia que se ha logrado en Estados Unidos con la gasificación del carbón es del orden de 40 por ciento. Casi no han usado las plantas que trabajan a muy alta presión y muy alta temperatura (ultra supercríticas), como en China, donde más se usan, y otros países. Y entre esto y la continuidad de las plantas “viejas” de carbón, sus medidas son consideradas inferiores. Por supuesto que en Estados Unidos no hay ni se plantea una gran red ferroviaria, y las carreteras seguirán siendo, de lejos, lo principal.

Además, China ha abatido los costos de producción de las plantas, sobre la base de la economía de escala. Cuesta “un tercio menos construir una planta de energía ultra supercrítica en China que una planta de carbón menos eficiente en Estados Unidos”, dice una publicación. Y un nuevo reporte de la AIE, de 20 de abril, dice que “China se ha convertido en el principal mercado para plantas de energía de carbón con sistema de control de emisiones con altas especificaciones”.

Las discusiones internacionales seguirán, pero no nos dejemos llevar por discursos que no se atengan a la realidad. Y tomemos en cuenta esta realidad para hacer frente a nuestros problemas.

gershen@servidor.unam.mx

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