lunes, 7 de junio de 2010

Tranvía y tragedia


La amenaza contra el Centro Histórico desapareció cuando Marcelo Ebrard anunció la cancelación del proyectado tranvía. No puedo ocultar la alegría que ese anuncio me produjo.

Ante argumentos lógicos, humanos, económicos y urbanísticos probados a tiempo, el jefe de Gobierno aceptó la crítica, valoró las opiniones en contra y basado en la propuesta económica excedida declaró desierta la licitación. Un acto de buen gobierno digno de aplauso.

He recibido apoyo a la campaña que mantuve en varios “Bucarelis” y en mi programa de radio, De 1 a 3. Quiero agradecer dos muestras de solidaridad profesional y afecto personal por parte de colegas a quienes desde hace mucho tiempo sigo y admiro. Uno es Luis Carreño, autor del cartón del jueves en EL UNIVERSAL en el que me dibuja deteniendo con una mano la enorme mole del tranvía que debía pasar a la sombra de la Torre Latinoamericana. Sin palabras y con alguna remota inspiración, guardadas las proporciones, en la foto del ciudadano que en la plaza de Tiananmen detiene una columna de tanques parándose frente a ellos, Carreño lo dice todo.

Catón, el extraordinario colaborador de Reforma, publica en su columna “De política y cosas peores” del viernes un comentario sobre el caso. “Ese entrañable sitio, dice, el centro de la Ciudad de México, iba ser objeto de un atentado absurdo. Algunas de sus calles iban a ser destrozadas para que por ellas circulara un tranvía, armatoste que serviría sólo para agravar los problemas de tránsito que se padecen ahí. JZ, uno de los mexicanos que más ama ese cordial corazón de la ciudad, se opuso con energía a la aberrante idea, y en sus varias y atendidísimas tribunas dio razones para mostrar por qué la obra no debía hacerse. Las sólidas argumentaciones que mostró y el respeto en que se tiene a don J, influyeron definitivamente en la reconsideración de ese proyecto, y finalmente el jefe de Gobierno del Distrito, Marcelo Ebrard, anunció la suspensión de la obra. Muy rara vez quien esto escribe da un aplauso. En esta ocasión tributa dos: una para el maestro Z, que defendió con vehemencia de enamorado el lugar donde vivió su niñez y juventud; el otro para Ebrard por no haberse empecinado en defender lo indefendible. Palmas entonces para quien supo hablar… y gracias igualmente para el que supo oír…”. Gracias, querido Catón.

El jueves otra decisión conmovió a México. La del ministro de la Suprema Corte, Arturo Zaldívar, quien presentó un minucioso y oportuno (48 horas antes del primer aniversario de la tragedia) dictamen sobre las causas del incendio de la guardería ABC de Hermosillo que causó la muerte de 49 niños y lesiones a 104 más. Por primera vez en la historia de México uno de los más altos funcionarios del Poder Judicial señala como responsables a un secretario de Estado, un director del Seguro Social, un gobernador estatal, un presidente municipal y otras 13 personas, decisión que México esperaba ante la magnitud del hecho investigado: el mayor desastre de los últimos tiempos en el mundo, en el que las víctimas fueron sólo niños.

Durante un año las autoridades obligadas a intervenir hicieron como que hacían, estilo que caracteriza al actual gobierno. Dejaron pasar el tiempo confiando en el olvido. Lo pronostiqué en mi “Bucareli” del 3 de agosto de 2009: “Los hombres se miden en función del tamaño de los obstáculos a vencer. Igual los gobiernos. No midamos ahora el tamaño del drama de Hermosillo, baste comprobar que el gobierno no supo superarlo. Los indicios no son alentadores. Haber fomentado la impunidad de los culpables, desde los que repartieron permisos para favorecer a sus cuates o intercambiar favores, hasta quienes siguen creyendo que dormirán como bebés, no son cosas fáciles de perdonar. Creen que este será otro crimen sin castigo. Se equivocan”. Como si lo hubiera escrito hoy y así se fue un año.

El ministro presidente de la SCJN, Guillermo Ortiz Mayagoitia, dijo el jueves: “Los ojos de toda la sociedad mexicana están puestos hoy en la expectativa de resolución de esta Corte, estamos conscientes de la importancia y trascendencia del asunto”.

En cualquier otro país los responsabilizados en el informe del ministro Zaldívar ya se habrían ido a sus casas. Aquí siguen en sus cargos, mandando y cobrando, esperando que la votación les sea favorable y tranquilos porque aún adversa les hace lo que el aire Juárez.

Hoy, día 2 del año segundo de los asesinatos impunes, saludo a la ministra y a sus 10 colegas y confío en que harán la tarea que les encarga México. La unanimidad de votos restablecería la confianza. Demostremos que México no vive en “el probado desorden generalizado” que convirtió una guardería en una cámara de exterminio.

Nunca tantos deberemos tanto a tan pocos.

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