domingo, 1 de mayo de 2011

¡Gracias por nada, PRI! Ojo por ojo Álvaro Cueva

México tiene necesidades no de ahora, de hace muchos años, de hace décadas, y es una gravísima ofensa para el pueblo y para la clase política de nuestra nación que el tricolor frenara la reforma política en San Lázaro.

Ilustración: Mario Fuantos
Qué bueno que los diputados del PRI impidieron que avanzara la reforma política impulsada, paradójicamente, por los priistas del Senado.

Qué bueno que este país va a seguir estancado durante mucho tiempo más por culpa de ellos.

Qué bueno que aquí no va a pasar nada, que el poder se va a seguir manejando como siempre y que México va a continuar retrocediendo respecto al resto de las naciones incluso de América Latina.

Qué bueno porque así ya nos dimos cuenta de que todo ese cuento del nuevo PRI es una vil mentira, y que si el Partido Revolucionario Institucional regresa a Los Pinos, lo único que va a pasar fue lo que nos sucedió en sus últimos sexenios: nos van a dejar en la calle.

Cómo se nota su falta de compromiso con México. Cómo se nota que para ellos lo único importante es el negocio, el poder.

Sí, claro, es muy obvio que congelaron todo para facilitarle la carrera a personajes como Enrique Peña Nieto y, a lo mejor, descongelárselos en el futuro para que sean ellos los que se luzcan, pero la realidad de las cosas es que ningún país civilizado se puede manejar así.

México tiene necesidades no de ahora, de hace muchos años, de hace décadas, y es una gravísima ofensa para el pueblo y para la clase política de nuestra nación lo que acaba de suceder en San Lázaro.

Nos acaban de condenar a seguir en esta peculiar partidocracia, a que los proyectos sigan naciendo y muriendo con sus administraciones, a la nada.

Qué bueno que pasó todo esto, insisto, para que usted medite su voto la próxima vez que llegue a las urnas y para que reflexione sobre todos los que van a votar por ese partido por órdenes de su sindicato, porque les van a regalar una despensa o por la belleza, la popularidad o las esposas de sus candidatos.

¡Qué desesperación! Usted y yo les pagamos una fortuna a nuestros queridos diputados para que, en lugar de aprobar las reformas que México necesita, se pongan a jugar al ajedrez político y vivan como reyes.

Porque eso sí, nada de lo que acaba de suceder en San Lázaro va a impactar en los bolsillos de esa casta divina. Es como si realmente hubieran desquitado su salario. Es como si en verdad para eso los tuviéramos sentados apretando botones.

¿A usted no le da coraje? Probablemente no porque, al igual que millones de mexicanos, ha estado entre distraído y narcotizado con noticias como la boda real y la beatificación de Juan Pablo II.

Pero en los últimos días se ha jugado buena parte del destino inmediato de nuestra nación.

¡Qué coraje! ¡Qué rabia! Porque entre que los departamentos de noticias de muchos medios tradicionales de comunicación no nos quisieron vender estas historias con el mismo entusiasmo y con la misma creatividad con la que nos vendieron otras (incluyendo el Día del Niño).

Porque entre que muchos de nuestros periodistas favoritos se fueron de vacaciones y porque entre lo delpríncipe William, Kate Middleton y Juan Pablo II, ni quién se enterara o valorara la magnitud de lo que estaba sucediendo en San Lázaro.

¿Y qué pasó? Nada. Lo de siempre. Esta vez fue el PRI el que no quiso y mañana, cuando el PRI quiera, mientras siga habiendo algo parecido a la representatividad en la Cámara de Diputados, serán otros políticos de otros partidos los que se opongan a que esto se mueva.

¿Y a nosotros? Que nos lleve el tren, porque nosotros ni recibimos los sueldos de esos señores, ni tenemos fuero ni vivimos como ellos. A nosotros nos toca vivir en la realidad. A nosotros nos toca mantenerlos.

La bronca es que conforme pasa el tiempo y conforme nos damos cuenta de todas estas jugarretas, nuestra decepción crece y ya le dimos la vuelta a un partido, y ya le dimos la vuelta a otro.

¿Y cuál ha sido la conclusión? Que ninguno nos ayuda, que ninguno nos resuelve, que con ninguno pasa algo.

¿Qué tenemos que hacer? ¿A quién tenemos que acudir? ¿Quién nos va a gobernar?

Con razón cada vez hay más personas que se niegan a votar, con razón cada vez hay más políticos que se aprovechan de esta circunstancias para hacer lo que se les pegue le gana sin consecuencias.

Qué bueno lo que acaba de pasar con el PRI y la más importante de las reformas que necesitábamos. Ya sabemos con quién estamos tratando y lo que tenemos que hacer en el futuro para impedir que esta historia se repita. ¿A poco no

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