Alejandro Encinas rechazó la seguridad que le ofreció Peña Nieto para que lo cuidaran durante su campaña por el Estado de México. El futuro gobernador mexiquense de la coalición demócrata social declinó la oferta.
Cuando un reportero le preguntó que por qué lo había hecho, dijo que él no lleva ni miembros de seguridad ni guardaespaldas porque eso sólo lo requieren hacer los individuos que tienen cola que les pisen, que sienten temor por sus actos. Y ante la violencia en las calles, prefiere el candidato andar a la par que los ciudadanos, porque a ellos ¿quién los cuida? Es una simple cuestión de solidaridad. Además de que, a quien le quieren dar, le darán, ya lo hemos visto.
AMLO tampoco lleva guaruras consigo.
Lo que es tener autoridad moral, valentía y tranquilidad de espíritu. Ambos la poseen indudablemente.
Marcelo Ebrard ha mantenido en balance su reputación aunque aún persista su ambición de competir por la candidatura de la izquierda, sin importar que el pueblo militante esté decidido a que AMLO los represente, con 70% de la preferencia.
Aun así habrá debate entre ellos para definir posiciones, en el mes de Octubre.
Esa era el acuerdo, y como bien dice Marcelo, no se ha sabido de ningún acuerdo que el líder social del país, no haya cumplido.
Que alguien diga, no obstante, si comprende un debate entre compañeros que defienden el mismo programa de gobierno, los mismos ideales; cuando uno ha sido fiel seguidor de las políticas implementadas anteriormente por el otro. ¿Será que Ebrard traerá ahora una visión de país distinta, del tipo que se difunden con loas y coloridas escenas en las televisoras? Porque ah cómo promocionan su nueva imagen con tal de desfavorecer al líder nacional de la izquierda.
Pero la obvia realidad no se puede ocultar. En el arranque de campaña de Encinas en Ecatepec, la ovación sobre el templete se la llevó el tabasqueño.
Ni Ebrard, ni mucho menos Cárdenas.
Mi pregunta es: ¿está realmente unida la coalición de izquierda? ¿por qué se permite que persista el doble candidato? Uno transparente y otro turbio. Y lo digo con todo el derecho, sin amarrar navajas ni nada por el estilo, porque sencillamente, hace menos de dos meses el segundo aspirante presidencial, apoyaba la unión de la izquierda con el PAN. Que fue por su bien el claudicar y lo felicito, porque cuando menos demostró cordura. Pero ha quedado la duda de hacia dónde va.
Quedó la foto y el bloque de la izquierda unida. Juntos con Encinas para rescatar de la eterna corrupción al Estado de México. Llegó la hora de sacar al PRI.
Pero no ha dejado de existir, reitero, el fantasma de la dualidad dentro de la izquierda unida, lo que continuará causando suspicacia y división
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