viernes, 18 de junio de 2010

José Saramago ..... Federico Arreola


"La vida, esta vida que, inapelablemente, pétalo a pétalo, va deshojando el tiempo, parece, estos días, haberse detenido en el me quiere...". Así termina Cuadernos de Lanzarote de José Saramago. Lo cito porque ahí, en Lanzarote, donde estaba ubicada su residencia, ha muerto ese escritor.



Escribo no como experto en literatura, que no soy, sino como un lector, uno de miles o millones, al que le ha dado tristeza enterarse del fallecimiento de un autor tan conocido por haberlo leído tantas veces.



Es una pérdida. Grande. No solo por el ser el único Premio Nobel que ha dado la lengua portuguesa, sino también, y sobre todo, por haber sido un ciudadano que, en tanto escritor, vivió y trabajó comprometido con las mejores causas sociales.



Leí en todos estos años varios libros de Saramago. Esta mañana de su muerte, aquí conmigo solo tengo, o solo encuentro, Cuardenos de Lanzarote y Las intermitencias de la muerte. En el primero dice que "el compromiso no debería ser del escritor como tal, sino del ciudadano. Si el ciudadano es escritor, se añadirá a su ciudadanía personal una responsabilidad pública". Esa responsabilidad Saramago la cumplió plenamente. En la misma obra dijo: "No creo que la libertad del poeta (por muy alta que la pongan) sea más dura de conquistar que la del hombre común. Y además este tiene muchas menos compensaciones".



Antes de ser poeta --así empezó su carrera de escritor muchas veces premiado--, Saramago sufrió la vida de los hombres comunes en la peor de las circunstancias: la pobreza. He leído la nota de su fallecimiento en El País y si su origen humilde no es el primer dato que el periodista destaca en el perfil del portugués, sí es el primero que a mí como lector entristecido me llama la atención: "El autor de La balsa de piedra fue poeta antes que novelista de éxito y antes que poeta, pobre... En 1998, el máximo galardón literario del planeta reconoció a un hijo de campesinos sin tierra que había nacido en 1922 en Azinhaga, Ribatejo, a 100 kilómetros de Lisboa. Tenía tres años cuando su familia emigró a la capital, donde las penurias rurales se tornaron en penurias de ciudad. Así, el futuro escritor se formó en la biblioteca pública de su barrio mientras trabajaba en un taller después de abandonar la escuela para ayudar a mantener una casa en la que ya faltaba su hermano Francisco, dos años mayor que él y muerto poco después del traslado".



José Saramago no era creyente. En una entrevista que le concedió a El País en 2009 (http://www.elpais.com/articulo/portada/muerte/inventora/Dios/elpepucul/20091017elpbabpor_17/Tes) dijo que "la muerte es la inventora de dios". Este 18 de junio de 2010 la muerte no ha inventado a un dios de la literatura que, evidentemente, se había creado a sí mismo, pero sí viene a recordarnos a todos que una nación en problemas como Portugal ha dado algo infinitamente mejor que los calzoncillos de Cristiano Ronaldo. Es un buen recordatorio para todos aquellos que queremos seguir disfrutando del futbol: divirtámonos con el juego, sí, pero sin llegar al nivel de la estolidez colectiva que ayer, en México, confundimos con patriotismo.

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