lunes, 15 de octubre de 2012

Partido MORENA, ¿ahora sí va en serio AMLO? HÉCTOR PALACIO


Mientras los modernos Chuchos se “deslindan” del llamado de su benefactor 2006-2012, López obrador, a manifestarse el día 1 de diciembre en contra de Peña Nieto asegurando que ellos sí estarán en la ceremonia de toma de posesión (como si hiciera falta la aclaración después de sus acuerdos con Calderón en 2006), el ex candidato presidencial recorre nuevamente el país, empezando por Campeche, para encabezar los congresos y asambleas estatales del Movimiento de Regeneración Nacional que da visos por todos lados de querer convertirse en partido político.

En Zacatecas, AMLO dijo que el MORENA “…se constituirá como un partido ‘nuevo, sin vicios, sin influyentismo y sin lacras de la política’, para convertirse así en ‘un referente moral’ a nivel nacional” (SDPNoticias.com, 13-10-12). Independientemente del idealismo, casi lo utópico, del planteamiento, pues la condición humana lejos está de albergar tales absolutos como la ausencia de vicios  y lacras, López Obrador deberá de iniciar por honrar él mismo su discurso.
En el pasado reciente, una de las críticas más sólidas a López Obrador, tanto de seguidores como adversarios, ha sido ese pragmatismo que paralelo a su oratoria moralista, ha permitido incorporar como colaboradores o como acompañantes de viaje político a personajes poco identificados con un honesto proceder; menos, con una causa consecuente. Se puede citar como ejemplo a colaboradores cercanos o a políticos apoyados por él como los gobernadores de Chiapas, Juan Sabines, y de Guerrero, Zeferino Torreblanca (al propio Juanito-Iztapalapa en menor medida, aunque se entienda que este sea más un objeto que un ser humano); incluso a cualquiera de los tristemente célebres Chuchos. Ya no hablemos del grupo de “ex” salinistas.
Otro ejemplo de lo deleznable que resultan ciertos personajes es Mario di Costanzo, individuo de raros comportamientos seudo intelectuales, supuesto fiel a López Obrador cuando éste de la nada aparente lo promovió como miembro de su “gabinete legítimo” y luego como diputado del PT,  ahora no es fiel más que a sus  propias negociaciones (desde su defensa a Videgaray frente a Monreal, se dice que ha negociado con el priista sin que él haya contravenido semejante afirmación). Y así… Extrañamente, estas simpatías han contrastado con ocasionales desdenes de López Obrador a tipos leales a su causa como Fernández Noroña y Martí Batres (a menos de que haya habido acuerdos tácitos en bien otra vez del pragmatismo). De este contrastante proceder ha seguido, a más de la crítica, no poca desilusión entre sus seguidores y la izquierda en general.
No está mal argumentar en su favor el que no pueda responder por la conducta a posteriori de sus allegados o que en el proceso de unificar las izquierdas no haya tenido más opción que juntarse con aquellos quienes representan la antípoda a lo demandado por él, pero no cabe duda de que mucha responsabilidad le va en ello, pues como líder que es, tendría que recurrir no solo a la intuición y la conveniencia, también al currículum político de los involucrados. De otro lado, no siempre es posible deslindarse de las decisiones argumentando que son los electores, “el pueblo”, quienes deciden.
Por todo ello, la pregunta es pertinente, ¿ahora sí López Obrador llevará hasta las últimas consecuencias sus postulados de moralidad? Por el bien de la nueva organización y de sí mismo, será necesario que así sea, que así lo procure, como un absoluto (en el entendido de que no hay absolutos; vaya contradicción). Para no dañar el inicio del proyecto con la duda y la desconfianza entre sus seguidores y para no dar tan pronto material a sus adversarios y detractores (MilenioEl Universal, Televisa…)
Naturalmente, un hombre no lo puede todo solo y necesita aliados. La sociedad convocada al movimiento hecho partido deberá observar los mismos estrictos referentes del “líder moral”. ¿Será posible alcanzarlos? ¿Cómo conciliar la natural ambición individual con el supremo interés colectivo de ética? ¿Estamos ante un previsible fracaso sustentado en la frágil condición humana y la vasta experiencia política mexicana en la carencia de reciprocidad, la deslealtad, la traición y la inmoralidad, o ante una refrescante y prácticamente inédita posibilidad hacia el futuro de la nación?

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