domingo, 4 de octubre de 2009

parte II Visibles e invisibles Rolando Cordera Campos

NADIE SABE PARA QUIEN TRABAJA
SI TUVIERAN DIGNIDAD Y VERGUENZA RECONOCIENDO INEPTITUD--YA HUBIERAN RENUNCIADO!!!---
Así, diría Reagan, el Estado no puede ser el encargado de afrontar los problemas económicos y sociales, “el Estado es el problema”. Y de ahí pa’l real.

La recepción de esta revolución por parte de las elites mexicanas se hizo con un peculiar sentido de pertenencia, que registraba una entusiasta dependencia cultural. Sin descanso, se pusieron en la picota la seguridad social, la inversión y las empresas públicas, los derechos colectivos, la educación básica y superior para las masas. Con arrogancia se renunció a la industrialización como proyecto y se apostó todo el desempeño económico a la sabiduría y la visibilización del mercado.

Cuando no se pudo desmantelarlos, se procedió a su congelamiento sostenido hasta volverlos piezas de museo, figuras encogidas, sin flexibilidad y sin capacidad para actuar en caso de emergencia. El Estado se redujo a su mínima expresión, mientras se soñaba con una sociedad de mercado cuyas eficiencias y racionalidades nunca llegaron. Lo que ahora se hizo visible sin clemencia fue la crisis del modelito y con ella la crisis profunda de un Estado sometido a un intenso tratamiento de shock.

Reconstruir institucionalmente la economía y el Estado es, aquí sí, la única, difícil, salida que tenemos. Pero para ello es indispensable poner de cabeza a la supuesta sabiduría convencional acuñada en estos años de frenesí liberista y volver a lo verdaderamente básico: el tejido social que sólo puede reproducirse a partir de un acuerdo en lo fundamental; y el (mal) llamado capital natural del que dependen nuestra reproducción y supervivencia.

No podremos siquiera empezar, si el ingenio se va en ocurrencias como la de vender impuestos como solidaridad con los pobres, o superar el monopolio o el corporativismo laboral atacando a los sindicatos o haciéndole el juego sucio a multinacionales de la minería o las cmunicaciones. Si éste es el único Estado visible que nos queda, más vale hablar del crepúsculo.

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