martes, 12 de febrero de 2013


Sicilia y la iglesia, esa puta casta

ANEL GUADALUPE MONTERO DÍAZ@Anelin00mar 12 de febrero de 2013

Sicilia es un católico con coraje, un feligrés indignado y un poeta que refleja varios niveles de dolor, tristeza y compasión por sus hermanos y, sobre todo, por la iglesia católica.
Sin embargo, este señor de la palabra y adorador del Verbo, es al mismo tiempo y sin paradoja,  uno de los mayores críticos de la esposa de Cristo, representada en la incongruencia, simonía, iniquidad, apostasía y vacuidad de la Jerarquía católica.
En el artículo La Puta casta, publicado en  Proceso el 16 de Mayo de 2010, Sicilia expresa el sentir de la mayoría de los católicos en México y en el mundo
“La iglesia me duele tanto que hasta ahora me había prohibido escribir sobre su escándalo, pero guardar silencio cuando se tiene presencia pública es otorgar y yo ya no quiero otorgar nada(…) Es evidente que en su condición social, de institución, la iglesia es una meretrix, una puta y como tal, ha sido la madre de todas las instituciones modernas: nada la distingue, a no ser que ella (…) fue la primera (de su hijo bastardo, el estado y sus instituciones, nada distingue, en consecuencia (…) a sus clérigos, como Marcial Maciel, Norberto Rivera  u Onésimo Cepeda, de políticos como Mario Marín, Ulises Ruiz y los encubridores de su partido; nada tampoco distingue la manera en la que el cardenal Sodano defendió en la ceremonia del viernes santo a Benedicto XVI (“las 3 mil diócesis, los 400 mil sacerdotes estamos contigo”) de la política “del montón”, con la que los partidos políticos suelen defender a sus líderes cuando son atacados (…)”
Es Sicilia, también, quien critica fuertemente en el año 2000[i] al entonces Secretario de Estado del Vaticano, Angelo Sodano, quien se distinguió, en un lapso de doce meses, por haber promovido la remoción del obispo Raúl Vera, de la diócesis de San Cristóbal, de apoyar a Augusto Pinochet, su amigo personal y de laxitud en la dramática guerra de Bosnia.
Sicilia no ahorra palabras para criticar a la Jerarquía Católica, que en lugar de ser el modelo del cristiano moderno, representa eso que el italiano Sergio Quinzio analiza junto al misterio de la resurrección de la carne: la iniquidad, es decir, la maldad o la gran injusticia que suele aparecer en el seno de la iglesia y que, según la segunda carta de San Pablo a los Tesalonicenses, surgirá de la Apostasía.
Y el poeta afirma que dicha apostasía no será, como ha sido frecuentemente, una negación directa de los dogmas de la fe, sino una contaminación de la iglesia con los valores del mundo, una simulación del Evangelio a través de la aceptación de aquello que privilegia el mundo: el progreso indiscriminado, la globalización, la ruptura con la proporción…
Y es en este contexto que el mundo conoce la renuncia al papado de Benedicto XVI.
¿Está el papa harto de los juegos de poder de los representantes de la Jerarquía católica? ¿cuáles son las fuerzas que operan (y siguen haciéndolo) en contra de una verdadera renovación eclesiástica?
De no haber renunciado, ¿Benedicto XVI hubiera seguido siendo cómplice de esas fuerzas que pugnan por sus propios y mezquinos intereses? La decisión de Ratzinger , es evidente, proviene de la humildad, la sapiencia y la misericordia divina, siempre presente en los apostolados de los herederos de San Pedro.
Hoy, comparto con usted, estimado lector, algunos de los más connotados artículos de Javier Sicilia, respecto a la labor y lugar de la iglesia católica en el mundo hoy en día.
Artículo “Curas políticos”. Proceso 25/08/1997
-          La iglesia en el poder, lo sabemos desde Constantino, ha sido una desgracia: los partidos confesionales, una plaga
-          Cuando la religión se vuelve ideología, el espíritu que vivifica al mundo se marchita
-          Jesús no perteneció a ningún partido político (…)fue un ciudadano que proclamó la renuncia al poder, la moderación, la pobreza, el amor, la misericordia, la paz, en suma, la liberación diabólica de violencia y contraviolencia, de culpas y retribución.
-          Lo único que crea la justicia y el orden, es el amor
-          De Jesús, de su visión de la economía del reino, de su insistencia en el despojamiento, en la pobreza, en el abandono de Dios, se pueden desprender formas sociales más justas, pero nunca modelos absolutos.
-          Lo que la iglesia no puede traicionar, es el amor al hombre y ese amor es incompatible con cualquier cargo político.
-          La iglesia, en su profunda autenticidad, es decir, en Cristo, no puede atarse a ningún sistema de ideas partidista e histórico.
Artículo “Iglesia y escándalo”. Proceso 06/10/1997
-          Mi iglesia, Madre y Maestra, está compuesta de pecadores. Una iglesia para santos me es ajena. Sería una contradicción ¿quién de nosotros podría tener un lugar en ella?
-          A la luz de la verdad, todo se aclara, se perdona y se sana
Artículo “La Jerarquía en Chiapas”. Proceso 10/08/1998
-          Los centralistas de la iglesia piensan que la unidad significa uniformidad. Nada más lejos del espíritu cristiano, que habla de la unidad nacida en la diversidad.
-          Para don Samuel, los indígenas, la diócesis de San Cristóbal y muchísimos católicos, México sólo será México y un verdadero país católico, cuando aprendamos a respetar nuestra diversidad cultural y aprendamos que la paz y la justicia pasan por el diálogo y la reforma de un Estado que, al igual que estos grupos de la Jerarquía, han querido imponer un solo modelo de vivir y de pensarse como mexicanos y católicos
-          Vivimos un tiempo en que las pretensiones de uniformidad, nacidas de una equivocada forma de pensar la unidad humana, nos están destruyendo como especie y hundiéndonos en la vacuidad de un mundo virtual, de una economía de escasez y de un neodarwinismo económico y social.
Artículo “Chiapas, el Estado y la Iglesia”Proceso 19/10/1998
-          México no es ese singular ficticio con el que construimos nuestras actas constitucionales, sino un plural real, hecho de mil rostros, de mil formas de producir y de pensar la economía, un plural que pide que repensemos a la nación y reformulemos el concepto de Estado
-          Lo que don Samuel y monseñor Lona, acusados injustamente de teólogos de la liberación, han hecho, es retomar ese diálogo interrumpido hace 500 años y redescubrir para este siglo “las semillas del verbo”
Artículo “la Iglesia Mexicana y la simonía”. Proceso 08/02/1999
-          ¿Podrá el mensaje de Juan Pablo II hacerse escuchar por encima de esa brutalización y de esta barbarie mercadotécnica?
-          La simonía es, a grandes líneas, el comercio ilícito de las cosas espirituales
-          Juan Pablo II y la virgen de Guadalupe, no son Michael Jordan ni la princesa Diana, no son Pelé ni Marilyn Monroe, no son un producto comercial que puede ser vendido, como se vende una prostituta o una estrella del cine y del deporte, al mejor postor.
-          ¿Por qué la Jerarquía católica permite esa basura comercial que denigra el mensaje papal y humilla a la catolicidad? Me pregunto si son ciegos u hombres de mala fe que han perdido de vista el escándalo del Evangelio
Artículo “Desafío moderno, desafío de la iglesia”. Proceso 08/02/1999
-          Un mundo que no puede proporcionar a los hombres una esperanza humana y una vida ética, es un mundo demoniaco, en el que los derechos fundamentales de la persona humana, que están inscritos en su misma naturaleza y son inscritos por Dios, están oscurecidos, aplastados, borrados.
-          No es el neoliberalismo, sino su base liberal la que, al reducir al hombre y al mundo a un mero sistema economicista, ha frustrado a la comunidad, a sus estructuras culturales y productivas y se han convertido en una cifra, en un mero animal productivo y de consumo, dispuesto a prostituirse bajo los flujos y el precio que impone ese nuevo Leviatán que se llama Mercado, Industrialización, Desarrollo y Productividad.
-          No estoy en contra de la industrialización y la globalización, sino a favor de su limitación.
-          Vivimos lo que los presocráticos llamaron hybris, el pecado de sobrepasar los límites que nos fija Dios, la soberbia del mundo judeocristiano.   
¿Usted qué opina, estimado lector? 

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