martes, 13 de octubre de 2009

Ricardo Alemán -- Itinerario Político

Los intocables; SNTE, Pemex y...


Al SME, que no es aliado, justicia a secas
A los aliados, como el SNTE, pura gracia.
En una interpretación lineal —simpática y hasta chabacana—, muchos creen que si el gobierno de Felipe Calderón fue capaz de liquidar Luz y Fuerza y con ello propinarle un golpe mortal a su corrupto sindicato —el Mexicano de Electricistas—, lo que sigue es descabezar a los no menos corruptos sindicatos magisterial y petrolero, entre otros.


En algunos casos, incluso, se intenta la parodia de que si de justicia y transparencia sindical se trata, entonces también deben ser sometidos al mismo rasero los también corruptos sindicatos de telefonistas, del Metro, tranviarios y universitarios, que hoy son aliados del PRD y del legítimo.

Hoy muchos saben que deben desaparecer todos o casi todos los sindicatos surgidos y/o creados por el populismo priísta del siglo pasado —poderes fácticos y monopolios que pervierten la democracia—, y que sus bases trabajadoras deben recuperar el control de su fuerza gremial, a partir de la democracia sindical y la transparencia de gestión.

Pero también está claro, para todo el que quiera verlo, que la liquidación de LyFC —y con ello la muerte del SME—, nada tienen que ver con el saneamiento del sindicalismo oficial y menos con un hipotético freno gubernamental a los intocables poderes fácticos del SNTE, STPRM, SUTERM, o el gremio que se quiera.

En el caso de LyFC se alinearon —en formación casi astral—, la crisis de una empresa quebrada, la crisis de un país quebrado, la caída de los ingresos fiscales —en tiempos de bonanza, capaces de alimentar insaciables sindicatos como el SME—, y la crisis de ingobernabilidad que estimulan locuaces como AMLO, Muñoz Ledo y resentidos políticos que aspiran al poder vía el golpismo.

La respuesta del gobierno de Calderón —al liquidar LyFC y con ello anular políticamente a su sindicato— fue la respuesta “del librito” de los gobiernos priístas; una respuesta de supervivencia mediante el golpe sorpresivo al adversario. ¿Qué hicieron presidentes como Cárdenas, López Mateos, Díaz Ordaz, Echeverría, Salinas...? ¿Qué hicieron los secretarios del Trabajo de esos presidentes, entre ellos Porfirio Muñoz Ledo? ¿Ya se les olvidó?

Hicieron lo mismo, o algo similar. La diferencia es que Calderón cuidó forma y fondo. Podrán decir misa, pero el manotazo fue legal y sin violencia. Pero existen más dudas: ¿Cómo alcanzaron el poder que llegaron a tener centrales obreras y sindicatos como la CTM, la CROC, el SNTE, los petroleros, electricistas, mineros? La respuesta todos la saben. Con el favor oficial.

Hoy Calderón recuperó para el Estado una empresa que había sido secuestrada no por un sindicato, sino por un grupo político que desde el 3 de julio de 2006 declaró la guerra al gobierno federal y que pretende arrebatarle el poder con una revuelta social.

¿Qué esperaban que hiciera? ¿Que se quedara con los brazos cruzados? ¿Que con el dinero del SME se financiara el golpismo contra el gobierno de Calderón, que estimulan de manera irresponsable AMLO, Muñoz Ledo y toda su claque?

El enojo y la reacción de todo ese grupo político no son por el futuro del sindicalismo, ni por la suerte de los trabajadores, y menos por los usuarios del servicio eléctrico. El enojo es que con el golpe a LyFC Calderón les ganó la mano, les arrebató una plaza política y económica fundamental. Pero además, les guste o no a los amarillos, el operativo resultó no sólo legal, sino limpio.

Nadie en su sano juicio —salvo las mafias que los sostienen— metería las manos al fuego por sindicatos como el del magisterio, petrolero, minero, universitario, electricistas… Pero sus líderes, capitanes y capos continuarán al frente en tanto sigan siendo útiles al gobierno o poder en turno; sea tricolor, azul o amarillo.

En Política, dicen los sabios de la disciplina, sólo existen dos tipos de aliados, “los tontos útiles y los tontos”. Dicen los que saben, que para el poder presidencial el señor Martín Esparza era de los segundos. Por eso, en Los Pinos hicieron valer el popular principio juarista: “A los amigos (o aliados), justicia y gracia; a los enemigos, justicia a secas”. ¿Quién creería que Calderón saldría juarista?

EN EL CAMINO

A propósito de traiciones, resulta que en el campus de la UNAM retiembla en sus centros la tierra. Bueno, el pedregal. Se rompió la alianza del rector Narro y el ex rector que lo antecedió. Y dicen que todo se debe a desmedidas ambiciones presidenciables.

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