lunes, 13 de diciembre de 2010

El Más Loco-- Federico Arreola

Respeto a Jorge Fernández Menéndez, pero no comparto su optimismo. Dice hoy, en su columna de Excélsior “El fin de El Más Loco”, que la caída de Nazario Moreno González “es un golpe demoledor para el cártel de La Familia Michoacana”. Y agrega que si bien “no se debe, ni remotamente, cantar victoria…, es la primera vez, desde que esta lucha comenzó hace exactamente cuatro años, que parece haber una tendencia marcada de debilitamiento serio, estratégico, de las organizaciones criminales”.

Nada más falso. Porque ya está claro que la aprehensión o ejecución semanal de un “jefe de jefes” de la mafia no resuelve nada. Esas, en el mejor de los casos, solo son acciones que le sirven al gobierno de Felipe Calderón para presumirlas en los medios que controla. Y hasta ahí.

Hace días murió El Más Loco, es decir, Nazario Moreno González. Y la propaganda ya lo presentó como la figura central del narcotráfico en Michoacán. ¿Y? Pues nada, la guerra en tierras michoacanas sigue, y desde luego continúa perdiéndola el gobierno que se topa ahora con el agravante de que El Más Loco era una persona queridísima por la población de Apatzingán, que salió a las calles a defenderlo. Ha nacido otra leyenda, lo que desde luego no se necesitaba.

La película de los grandes éxitos del gobierno de Calderón en la guerra contra el narco la hemos visto demasiadas veces y ya aburre: cayó Arturo Beltrán Leyva, y todo iba a estar mejor debido a eso, pero lo cierto es que todo empeoró, sobre todo en Nuevo León, donde Beltrán era muy fuerte; cayó Ignacio Coronel, y las cosas se complicaron en Guadalajara; cayó Tony Tormenta, y la guerra en Tamaulipas se volvió más sangrienta; arrestaron a La Barbie y a El Grande, y estas detenciones solo han servido para la grilla y para golpear a la revista Proceso.

En el gobierno no se ha entendido que al narcotráfico no se le va a vencer matando jefes, porque en la mafia lo que abunda son cuadros para reemplazar a los caídos. En el gobierno no se ha entendido que el problema solo se resolverá con educación, con programas sociales, con empleo, con condiciones mínimas de vida para el mexicano pobre que, cada día, se siente más agredido, como el pasado fin de semana en que aumentó el precio de la tortilla.

En el gobierno, en fin, no se ha entendido que, alterando un poco la letra del Himno Nacional, el cielo, al narco, un sicario en cada nini le dio. Y ninis sobran porque el gobierno panista ha sido ineficaz como promotor de la creación de riqueza y como regulador para que esta se distribuya más adecuadamente.

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