El jefe de gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard Casaubón, @M_Ebrard en twitter, se fue a la radio este miércoles a pedir un debate con Andres Manuel López Obrador (@Lopezobrador_) y a exigir que al candidato presidencial de izquierda para 2012 se le seleccione, entre marzo y mayo de 2011, mediante el método de las encuestas.
El debate está bien, es democrático y servirá para que la gente se entere de las propuestas de los dos personajes. Lo que está mal es la encuesta, por antidemocrática, porque no hay encuestadores ciento por ciento confiables en México y porque ese juego se presta a engaño.
Aunque López Obrador supera a Ebrard en todas las encuestas (incluso si a AMLO se le incluye en los cuestionarios como candidato del PT y Convergencia y a Marcelo como representante del PRD); aunque ese sistema de elección garantizaría la candidatura del único político al que apoyo, lo cierto es que elegir de ese modo a un candidato presidencial sería una burla y, más aún, una bofetada a la democracia.
Incluso si las encuestas en México fueran confiables (que no lo son: en nuestro país la encuesta la gana el que la paga), recurrir a ese procedimiento es dejar la decisión fundamental de tres partidos políticos (PRD, PT y Convergencia), la de elegir a su candidato presidencial, en manos solo de sus dirigentes. Esto, sin duda, sería una traición a la democracia, que muchos no soportaríamos.
La encuesta como forma de elección involucra solo a los dirigentes de los partidos y margina a millones de ciudadanos que tienen derecho a participar.
Si AMLO y Ebrard quieren realmente dar una lección de democracia deberán permitir que, en cualquier momento de 2011, la gente se exprese en unas elecciones internas abiertas. Cualquier otra cosa no será aceptable.
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