(La empresa Femsa negó los hechos aquí narrados por la vía de minimizarlos. Hoy, en la página web de El Norte de Monterrey, se lee lo siguiente: "Dos escoltas de la empresa Femsa, que presuntamente fueron levantados ayer en el enfrentamiento que sostuvieron contra un comando armado afuera del Colegio Americano, fueron regresados esta madrugada encajuelados y ejecutados a las instalaciones de la empresa. Poco después de las 2:00 horas de esta madrugada arribó hasta la compañía el vehículo Ford Fusión con placas de circulación SHC-4535, en donde regresaron a los dos ejecutados, además de cuatro escoltas más vivos. Los informes no precisan cómo fue que los escoltas regresaron hasta la empresa e ingresaron por la calle Miguel Barragán y Jiménez, en la Colonia Obrerista". Ya no tiene caso, señor José Antonio Fernández, presidente de Femsa, seguir jugando al avestruz. Ahora, más que esconder la cabeza en un pozo, hay que levantarla y buscar salidas).
Una madre de familia cuyas hijas estudiaban en un Colegio Americano (los hay en todas partes fuera de Estados Unidos), me contó que después de los atentados contra las Torres Gemelas en Nueva York el gobierno estadounidense ordenó incrementar las normas de seguridad en tales centros educativos. Así se hizo y seguramente se trató de una medida inteligente, ya que durante años no pasó nada, en México, en ninguna de las escuelas en las que estudian los hijos de los norteamericanos residentes en nuestro país, es decir, los niños de los ejecutivos e inversionistas extranjeros que aquí trabajan y, sobre todo, los chiquillos del personal de la embajada y de los distintos consulados de Estados Unidos.
Al Qaeda, pues, al menos en México, ha respetado el espacio en el que se educan los niños estadounidenses. Eso habla de que, incluso entre los terroristas, existen valores morales. Ética, sí. Principios de combate que, por desgracia, en la absurda guerra perdida de Felipe Calderón simplemente nadie toma en cuenta.
En los combates callejeros entre el Ejército y los narcos ya han muerto demasiados jovencitos inocentes, demasiados estudiantes, demasiadas mujeres embarazadas y demasiados niños. A los imbéciles que pregunten (nunca faltan) cuántos muertos inocentes son demasiados, responderé que uno solo ya es un exceso. Ha habido, en nuestro país, muchísimos más. Y ahora, el colmo, la violencia llegó al colegio, y no a cualquier colegio, sino al más caro que hay en México: el Colegio Americano de Monterrey.
La mafia llegó al Colegio Americano con la intención de secuestrar a las hijas de una familia ligada a una de las empresas más grandes de México, Femsa, entre cuyos socios se encuentran compañías extranjeras de gran tamaño. Aunque Femsa, jugando al avestruz, lo desmintió, lo cierto es que los guardaespaldas de las niñas se enfrentaron a balazos a los secuestradores. Hubo heridos y aun muertos, pero, como normalmente ocurre, la información que se ha dado ha sido incompleta.
La molestia del gobierno de Estados Unidos por lo ocurrido es, simplemente, enorme. Desde hace años estableció sistemas de seguridad para proteger a los pequeños estadounidense residentes en México ante un posible ataque de Al Qaeda, y por fortuna este no ocurrió. Pero ahora empieza a presentarse algo peor: la delincuencia organizada mexicana, envalentonada porque el gobierno de Calderón no puede con ella pero al mismo tiempo enloquecida por la guerra terrible en la que participa, ha decidido llegar a las aulas. Y lo hizo no en cualquier escuela, sino en aquella en la que estudian los hijos de los ciudadanos de Estados Unidos.
Me dicen amigos que conocen el tema que el gobierno estadounidense teme, se entiende por qué, que crezcan los ataques del crimen organizado contra sus ciudadanos residentes o visitantes en México. No se descartan secuestros de empresarios de Estados Unidos que trabajen en nuestro país ni, por desgracia, que la violencia se haga presente en los centros turísticos o aun en los hoteles más exclusivos de la Ciudad de México.
Es que, lamentablemente, ya todo es posible en la absurda guerra perdida de Calderón. Pero no perdida por todos, claro que no: hay algunos, y no solo pienso en los narcos, que ganan bastante con esta estupidez
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