domingo, 6 de diciembre de 2009

(((Ni la burla perdonas, Felipe)))--Ojo por ojo--Álvaro Cueva--((LA CULPA NO LA TIENE EL INDIO, SINO LOS INEPTOS SIN MORAL)))

Ni la burla perdonas, Felipe
Ojo por ojo
Álvaro Cueva

2009-12-06•Acentos
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ahoraRecomendarLa semana pasada me asaltaron y a las pocas horas, Felipe Calderón hizo una fiesta para celebrar el éxito de sus primeros tres años de gobierno.

A lo mejor tuve mala suerte, como millones de mexicanos, pero cuando escuché al Presidente ese domingo por la mañana, me sentí mal. Primero me dio risa, luego rabia. Al final, grité: ¡ni la burla perdonas, Felipe!

Le quiero contar mi experiencia para que entienda el efecto que la fiesta de Felipe Calderón produjo en mí.

El sábado 28 de noviembre andaba en mi camioneta haciendo unas compras con mi madre por la colonia Narvarte en la Ciudad de México.

Llegamos a una esquina y dejé el vehículo en doble fila para recoger rápidamente unas cosas.

Cuando regresé al coche, apareció un tipo que me impidió que cerrara la puerta.

Entre gritos y groserías me sacó una pistola, me apuntó y me ordenó que me bajara. Obviamente lo hice mientras otro asaltante luchaba por quitarme la cartera del bolsillo trasero del pantalón.

A mí, la verdad, no me importaban ni la camioneta ni la cartera ni nada. Yo lo único que quería era sacar a mi madre, que iba en la parte trasera del vehículo, y a la que se iban a llevar con todo y carro.

El caso es que, oponiendo resistencia, abrí la puerta de atrás, saqué a mi mamá y los tipos se fueron con mi camioneta. La gente de un restaurante nos ayudó y antes de dos minutos, pasó una patrulla.

Yo, instintivamente, corrí hacia ella, la detuve y le expliqué. Usted ni se imagina lo que pasó. Los patrulleros nos hicieron algunas preguntas y me invitaron a subir a la patrulla a buscar la camioneta.

¡Y pues que me subo! Jamás en mi vida me había subido a una patrulla y si lo hubiera pensado mejor, con todo lo que había escuchado, no lo hubiera hecho, pero lo hice.

Fue impresionante todo lo que sucedió. Los patrulleros llamaron a otras unidades, todas se interconectaron por radio, me hacían preguntas, se las contestaba, aparecían patrullas por un lado, por el otro.

Quién sabe cómo, pero en cuestión de segundos toda la colonia se llenó de torretas encendidas y del ruido de las sirenas.

Me llevaron por unas calles rarísimas, por callejones. Lo que más me llamó la atención fue la actitud de servicio de los agentes.

Conforme pasaba el tiempo, yo me iba dando cuenta de lo que me habían robado además de la camioneta y de lo afortunado que era de estar vivo.

Después de un rato, los patrulleros me llevaron a recoger a mi mamá y nos ofrecieron llevarnos a un hospital (mi madre tiene 75 años y es hipertensa), pero preferimos ir a la casa.

Para no hacerle el cuento largo, fui a hacer la denuncia correspondiente al Ministerio Público y de ahí me pasaron a la Policía Judicial.

Debo decir, con toda honestidad, que me impresionó la amabilidad, la rapidez con la que me atendieron, que nadie me diera algo parecido a un trato preferencial por mi trabajo en los medios y que en todo momento prevaleció un clima de optimismo.

Mi camioneta no tenía localizador, pero los agentes insistían en que la iban a encontrar.

Yo supuse que sólo me estaban dando por mi lado pero, ¡qué cree!, a la noche siguiente la encontraron prácticamente intacta.

El seguro se portó de maravilla, trasladaron la camioneta a un corralón llamado OCRA para continuar los trámites y al día siguiente me la entregaron como si no hubiera pasado nada.

Obviamente sí pasó, obviamente a todos en mi casa se nos movió algo y hubo cosas que sí perdimos, pero todavía no quepo en mí, no del asalto, sino de la magnífica gente con la que traté a lo largo de esta aventura.

¿No se suponía que nuestros policías eran malos, flojos y groseros? ¿No se suponía que eran corruptos y que lo mínimo que me iban a pedir era una buena lana?

Estoy muy agradecido con todas las personas que me ayudaron a resolver este problema, desde la gente del restaurante adonde llegué primero hasta el último agente que me atendió en el corralón.

Pero lo que más les agradezco son las lecciones que me dieron. Ellos no están cumpliendo tres años de gobierno ni prometen lo que no pueden cumplir. Ellos simplemente trabajan como usted o como yo.

Gracias, señores. Gracias por su ayuda. Gracias por no burlarse de mí como otros que nomás inventan cosas dizque positivas para quedar bien con los medios de comunicación en tiempos de crisis. ¡Gracias!

¡Atrévase a opinar!

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