
En su columna de ayer, Alejandro Nadal nos explica que la revuelta popular en Egipto nos enseña lo que puede ser el camino de un proceso similar en México. Dice que no se necesita un ejército ni 10 años de preparación para la lucha armada. La población está harta y sabe que no se le escucha. También tiene años luchando y resistiendo, en el campo y en las ciudades. Mañana podría salir a las calles y plazas con cualquier detonador. Podría pasar de RECLAMOS POPULARES GENERALES sin mucha forma a una rápida TOMA DE CONCIENCIA de su poder.
Este descubrimiento, dice Nadal, le llevaría a vislumbrar que el desmantelamiento del régimen estúpido, déspota y corrupto no es una quimera. Las demandas serán por una TRANSFORMACIÓN PROFUNDA, no sólo un cambio del gobierno actual o del que venga. Basta de fachada de democracia, de partidos podridos y represión contra las luchas populares y el movimiento obrero. El proyecto inmediato será detener la lenta desintegración que hoy sufre México, y en su horizonte estará la construcción de un nuevo país sobre las ruinas de las ilusiones de los grupos privilegiados...
En lo personal pienso que el Movimiento de Regeneración Nacional que encabeza Andrés Manuel López Obrador es la única esperanza de un cambio PACÍFICO en la vida pública de México.
El lunes pasado se realizó en la Ciudad de México una gran marcha de obreros, campesinos y otras organizaciones sociales para exigir al gobierno un alto a la carestía mediante un cambio de rumbo económico, político y social del país.
La demanda de los distintos sectores es implementar políticas que permitan la recuperación del crecimiento, la promoción del empleo digno y, sobre todo, que se frene el baño de sangre. Exigieron que los efectivos del Ejército y la Marina regresen a los cuarteles, así lo plasmaron en el documento único que se leyó en la explanada del Zócalo, donde la CNC sostuvo que en las cámaras de Diputados y de Senadores el movimiento va a tener aliados para DERROCAR al gobierno.
Gerardo Sánchez, líder cenecista, dijo que están indignados, al igual que la sociedad civil, por los agravios, los incrementos de precios a la canasta básica, las gasolinas y demás energéticos, así como por las medidas antipopulares de este gobierno de derecha, por lo que no descansaran hasta DERROCAR a este gobierno arbitrario. Y alertó que si no se toman las medidas correctas se va a generar un ESTALLIDO SOCIAL, ya que el pueblo no puede aguantar más tanto agravio, por lo que llamó a unificar la lucha para defender a los sectores pobres y olvidados, e insistió en un nuevo modelo económico.
Dentro del Movimiento de López Obrador también se ha insistido en el cambio del modelo económico pero a diferencia de los marchistas del lunes no propone derrocar al régimen ni plantea la posibilidad de un ESTALLIDO SOCIAL, y sí en cambio la TOMA DE CONCIENCIA que permita al pueblo recuperar el poder de decisión, mediante representantes que antepongan el bienestar general del país y de la población a los intereses del grupo minoritario que nos ha llevado al caos.
Para ello no sólo se necesita protestar sino contar con un Proyecto Alternativo de Nación, una organización nacional y una estructura que promueva, cuide y defienda el voto.
A estas alturas derrocar al gobierno espurio es un contrasentido, nos llevaría a más violencia e inestabilidad, no olvidemos que éste régimen se mantiene protegido por las fuerzas armadas que ha utilizado para fines distintos a los que dicta la Constitución.
Si realmente deseamos evitar el baño de sangre, el camino es otro.
¿Acaso se nos olvida que esta guerra dictada desde afuera no es contra el narco, que sigue más vivo y fortalecido?
La guerra está encaminada a desestabilizar y someter la protesta social, y, desde luego, servirá como pretexto para la intervención de nuestros vecinos del norte.
Que no exista democracia en México no significa que no pueda existir. Que no se haya respetado la voluntad popular no significa que nunca se va a respetar. Que no haya bienestar para el pueblo no significa que no lo puede haber. Que no se defiendan las riquezas del país y la soberanía nacional no significa que están perdidas.
Para el cambio, que sí es posible, hay que abandonar el camino de la violencia.
Dicen las noticias que más de un millón de personas se reunieron en el Cairo para derrocar a Murabak, también más de un millón de personas se reunieron en el Zócalo para reclamar por el fraude electoral de 2006, y los medios minimizaron la cifra. No sólo eso, omitieron comentar que absolutamente todas las acciones y movilizaciones en apoyo a Andrés Manuel López Obrador fueron y siguen siendo pacíficas.
Ayer por la tarde empezaron a volar piedras y palos entre opositores al presidente Hosni Murabak y partidarios del su gobierno.
Hasta el momento, ninguna acción, movilización, protesta, reunión, etc., del Movimiento Lopezobradorista ha ocasionado actos de violencia. No se ha roto ni un solo cristal pero se han hecho todo tipo de denuncias sobre la corrupción de políticos y funcionarios del presente y del pasado, se han hecho señalamientos claros sobre las violaciones a la Constitución en el reparto de los bienes nacionales a particulares, se han documentado violaciones a los derechos humanos; se han propuesto medidas para evitar la crisis económica y programas sociales para mejorar las condiciones de vida de niños, jóvenes, adultos y ancianos, en fin, se ha creado con la participación de nuestros mejores profesionistas y especialistas un PROYECTO ALTERNATIVO DE NACIÓN viable que pueda frenar la desintegración del país. Ese es el camino de la no violencia.
Dar a conocer las acciones del Movimiento Lopezobradorista por todo el territorio ha sido casi un milagro, pues los medios coludidos con la derecha mantienen un cerco informativo infame. Sin embargo, la esperanza de la gente sigue viva y el creciente apoyo a Andrés Manuel López Obrador es la mejor muestra de que sí va a ser posible el cambio que le urge al país, sin derramamiento de sangre.
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