jueves, 28 de junio de 2012

El verdadero rostro de Peña Nieto- HÉCTOR PALACIO

La verdadera faz de Peña Nieto es el rostro del PRI de siempre. Nada nuevo hay.

Encarnada en una figura creada, el PRI, múltiples asesores de imagen y la televisión, pretendieron, como dicen los sajones, “vender” a la sociedad mexicana la idea de un cambio, de un partido renovado que había aprendido de los errores o “tropiezos” del pasado: la idea del “nuevo rostro del PRI”, la de una “nueva generación de jóvenes priistas” elogiada y “vendida” por Vicente Fox. Sin embargo…

Sin embargo, el proceso electoral 2012 ha contribuido de manera terminante a exhibir el talante de ese figurín, de Peña Nieto, ya mostrado durante su gestión como heredero de la gubernatura de Arturo Montiel, su tío y padrino, en el Estado de México: intolerancia, represión, autoritarismo, distanciamiento de los problemas económicos y sociales de la población. Es decir, el talante o el talento del PRI.

Conforme avanzó la campaña, Peña y su grupo creyeron que todo sería un sendero de seda para el candidato modelado por la imagen y la televisión. La estulticia, la ignorancia, la incapacidad intelectual en términos de la cultura (aun el aprendido discurso del típico burócrata priista le ha costado trabajo, lo tartamudea cuando tropieza con cierta dificultad), poco parecían afectar al candidato promovido por la televisión como una estrella; expuesto como un “rockstar” por el equipo de imagen contratado por la campaña para mostrarlo en panorámicas donde se le ve rodeado de masas anhelantes mientras él se eleva en el centro articulando rígidamente las extremidades; promovido como estadista, como genio de la política, por articulistas del Milenio como Liébano Sáenz, Federico Berrueto, Carlos Mota, Rosario Robles, Luis González de Alba, Ciro Gómez Leyva, Carlos Marín, Joaquín López Dóriga, etc., o de El Universal como Ricardo Alemán o Carlos Loret, llegando a risibles y patéticos casos como el de René Avilés Fabila, de La Crónica. Todos estos habrían querido ahorrarse el proceso electoral y, en un acto “ibargüengoitesco”, ungir presidente a Peña desde hace meses.

Un sendero de seda, eso creyeron. Pero al de la propia torpeza del candidato priista, se incorporaron dos elementos que contravinieron los anhelantes deseos de los promotores del “nuevo rostro”: 1. La creciente campaña de López Obrador, quien “conecta” francamente con la gente, como la única opción de posibilidad de cambio frente a la misma propuesta de siempre del PAN y el PRI. 2. La indignación de los estudiantes ante el candidato impulsado por la mercadotecnia, ante el candidato responsable de la violencia y represión en Atenco, ante el candidato responsable de la miseria y los lastres sociales resultado de su gobierno en Edomex; ante el adalid de la intolerancia.

El inesperado y verdaderamente refrescante suceso de los estudiantes ha permitido desenmascarar al monstruo, sobre todo, ante los ojos de aquellos que habían “comprado” lo que les “vendían”. Todo inició con las muestras de repudio de los estudiantes de la Ibero y las descalificaciones a los mismos por parte del presidente del PRI, Joaquín Coldwell, acusándolos de porros e infiltrados. Esta fue la primera reacción del agazapado monstruo: la automática, la de siempre: el rostro de la intolerancia y el autoritarismo que no admite crítica y se permite la descalificación, y que autoriza al interior de ese organismo partidista la generalización velada o abierta de la violencia, esa que supura en todas las regiones del país como una microscópica labor que vista en conjunto presenta un mapa que preocupa e indigna.

Juan Pablo Proal registra, en “Oponerse al PRI puede significar la muerte”, una serie de expresiones de la violencia esbozada (http://homozapping.com.mx/2012/06/oponerse-al-pri-puede-significar-la-muerte/ ):

“Simpatizantes de candidato del PRI asesinan a panista en Chiapas: Proceso, 11 de junio.

Porros de Peña Nieto amenazan, roban y agreden al #YoSoy132 en Coatzacoalcos: Diario Presencia, 17 de junio.

Asesinan a líder de Morena en Michoacán: Proceso, 17 de mayo.

Hidalgo: amenazan de muerte a candidato de PRD-PT-MC: La Jornada, 26 de mayo.

Amenazan de muerte al candidato del PSD: El Sol de Morelos, 15 de junio.

Asesinan en San Luis Potosí a aspirante del PRD: Excélsior, 11 de marzo.

Autoridades de Tlalnepantla detienen y golpean a integrantes de #YoSoy132: Proceso, 15 de junio.

Amenazan de muerte a la periodista Katia D’Artigues por criticar a Peña Nieto: Emeequis, 9 de junio…

Jóvenes de #YoSoy132 denuncian amenazas ante Derechos Humanos: CNN, 12 de junio.

Partido Verde amenaza de muerte a jóvenes que asistan a marchas anti-Peña: Revista Emet, 8 de junio.

Amenazan con ‘tronar’a alumnos antipeñistas en el Tec de Acuña: Vanguardia, 10 de junio.

Amenazan de muerte a estudiantes que integran marchas a favor de #Yosoy132 de Zacatecas: Notientelevisión, 5 de junio.”.



Recuérdese asimismo ahora la violencia de los miles de acarreados por el priismo para agredir a los jóvenes en el Estadio Azteca, entre otras muchas evidencias en diversos estados.

Si lo anterior es aceptado como “Nuevo Rostro”, todos estamos autorizados a la mentira entonces. No se sugiere que Peña sea quien ordene directamente esas manifestaciones de odio, pero sí, que las mismas expresan hoy un pasado que no se ha ido, que continúa dañando la vida democrática del país, un pasado que retornaría con él al poder. Y si el presidente de su partido es capaz de dar un intolerante e irresponsable toque de inicio y ni él mismo ni su candidato pueden hacer un llamado posterior a la calma a sus secuaces y muy por el contrario cínicamente acusan a sus adversarios de semejante estado de cosas, entonces todos estamos autorizados a negarle a Peña el derecho de la duda.

Por otra parte, revísense las cifras sobre las miserias dejadas por el PRI en el año 2000, argumento de Juan Pablo Becerra Acosta para no votar por este partido, en su artículo “Yo no voto por Peña Nieto; voten por quien sea, pero voten…”: http://www.milenio.com/cdb/doc/impreso/9151347

La intolerancia, el autoritarismo, la corrupción y la ineptitud del PRI durante 70 o más años para propiciar un país con justicia, dignidad y cierta condición de desahogo económico entre la mayoría de la población mexicana, se expresan nuevamente en su deseo de regresar al poder. De allí que los mexicanos debieran razonar su voto del 1 de julio, cotejar el presente con el pasado y confrontarlo con la posibilidad de un futuro. Conociendo lo que ha habido: 70 + 12 = 82, ecuación agotada e indeseable, no parece ser que estemos frente una tarea tan compleja, antes bien se trataría de una elección simple.

Un “nuevo rostro”, una máscara, se desprende en trozos como cáscara ajada y putrefacta y nos descubre entonces la conocida faz de siempre: El rostro PRI; el rostro de Peña.

P.D. Como buen colofón a este texto y porque la verdadera encuesta es la del primero de julio, léase el acertado artículo de Víctor Flores Olea, “Cinco lápidas sobre Peña Nieto”:

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