viernes, 8 de junio de 2012

Ciro y su Tercer Grado: rudeza innecesaria con AMLO; zalamería con Peña Nieto-- FEDERICO ARREOLA

“Andrés Manuel López Obrador llegó en plan de paz a Tercer Grado y en paz se marchó. Decisión suya”, dijo este viernes Ciro Gómez Leyva en su columna.

La caballerosidad del candidato ¿desagradó?, ¿le gustó?, al señor Gómez Leyva: “Le habría resultado relativamente sencillo elevar el dramatismo del programa, ponerlo quizá en los bordes del escándalo”.

Lo que a Ciro le cuesta trabajo comprender fue la “táctica” de Andrés Manuel: “Lo mal que pareció prepararse para un programa con una audiencia garantizada de 10 millones de televidentes”.

¿Se preparó mal Andrés Manuel? Según Ciro, muy mal: “Las preguntas que hicimos fueron las lógicas y nadie le tendió una emboscada. Sin embargo, parecía no tener respuestas. Hora y media sin argumentos renovados, sin sound bites”.

¿Sound bites? Carajo, ahora resulta que Ciro se expresa en lenguas exóticas. Ni duda cabe, pasamos por una temporada de mameyes.

Comparó Gómez Leyva las estrategias de EPN y AMLO en Tercer Grado, de Televisa: “Si la estrategia de Enrique Peña Nieto hace 15 días fue apoderarse de cada segundo, supongo que la de López Obrador fue sobrellevar la noche con una repetición ad infinítum de clichés en torno del ‘cambio verdadero’. No fue a Tercer Grado a buscar una pelea de perros, sino a servirse del tiempo y el medio, a hacer un largo spot en vivo”.

Para Ciro, López Obrador ya no es aquel: “Yo no lo había visto en seis años. Ya no es el de entonces. De todo lo que dijo, me quedo con cinco palabras que no recuerdo si expresó al aire o en uno de los cortes: ‘Lo mío es un apostolado’...”.

Y a partir de esa frase (“lo mío es un apostolado”) Ciro deja las cuestiones tácticas y las deslumbrantes expresiones en inglés para lanzarse a la descalificación burda, vulgar, hasta inmoral: “Por eso no tiene destino pedirle que reconozca sus errores en el tema de las encuestas, o en cualquier otro. Es el evangelizador dogmático, dueño de las verdades absolutas, repelente a cualquier verdad contradictoria”.

Si Andrés Manuel no es el de 2006, Ciro sigue siendo el mismo que, de pronto, ese año, el día en que presentó la primera de las encuestas de GEA/ISA, se transformó, el que dejó el periodismo objetivo para ser sumarse al sistema que está dispuesto a cualquier cosa con tal de evitar que López Obrador gobierne México.

Rudeza innecesaria. Ciro Gómez Leyva no trabaja en Televisa, pero es uno de los titulares de Tercer Grado. Preguntó lo que quiso en la entrevista con Andrés Manuel, fue duro con el izquierdista y hasta se burló del tabasqueño (uno de los momentos más lamentables del programa fue cuando la cámara lo sorprendió riéndose socarronamente por algo que había dicho el candidato presidencial de izquierda). Ahí debió haber dejado Ciro las cosas. Por caballerosidad.

Pero mi ex amigo Gómez Leyva (tuvimos una buena relación amistosa, creo) no resistió la tentación de rematar, con el clásico tiro de gracia al que recurre al crimen organizado, al político que, me consta, Ciro más ha admirado. Sí, hace años, cuando empecé a tratarlo, yo criticaba a López Obrador y Ciro lo defendía. Cuántas veces me dijo Ciro, aquel Ciro, el que desapareció en 2006, que Andrés Manuel era un líder fuera de serie, un hombre incorruptible, una gran persona.

¿Andrés Manuel ha cambiado? Sin duda. Todos lo hacemos. Unos para bien, otros para mal. Sobrará tiempo para juzgar si el nuevo López Obrador, hoy tan pragmático, es mejor que el de 2006, aquel dirigente absolutamente alejado del pragmatismo.

Prefiero al anterior Andrés Manuel, el que no habría vacilado en poner fuera de su campaña a las personas que, sin su autorización, hubieran participado en un pase de charola tan pedestre como de la cena en casa de Luis Creel.

Me gustaba más el Andrés Manuel que consideraba parte de la mafia política a un empresario tan desprestigiado como Alfonso Romo, hombre de negocios modelo de indecencia comercial que, misteriosamente, después de haber apoyado el fraude electoral de 2006, hoy es uno de los grandes aliados del izquierdista.

Me gustaba más el Andrés Manuel que no llamaba “presidente” a Calderón… me lastimó, lo juro, ver a un político práctico en Tercer Grado lanzando un mensaje de paz, una invitación a cierta informal negociación al “presidente Calderón” (¡así se expresó Andrés Manuel, y me dolió!).

Pero quizá yo estoy equivocado y Andrés Manuel hace lo correcto. Ya se sabrá. Si gana la Presidencia y se deshace de algunos compañeros de viaje, será bueno para México. Si gana y gobierna con dos o tres de sus actuales acompañantes, nada cambiará en nuestro país. Si no gana, qué desgracia para todos.

En seis años Andrés Manuel cambió, yo también he cambiado. El que sigue igual es Ciro Gómez Leyva.

¿Qué dijo Ciro de la participación de Peña Nieto en Tercer Grado? Solo le faltó agregar: “Te amo, Enrique”, es que, bueno, cito al columnista de Milenio: “(EPN) Es un gran estratega… Nos cobró con miradas, ademanes y retórica cada intento, logrado o no, de interrupción… como candidato, trae la política en la yema de los dedos. Y la información en la primera sala del cerebro. Y una carta de navegación en la mano”.

Ciro concluyó aquella columna sobre Peña Nieto en Tercer Grado con eso de que el priista trae “la información en la primera sala del cerebro. Y una carta de navegación en la mano”.

¿Cómo concluye el mismo Ciro su columna sobre AMLO en Tercer Grado? Antes de darle las gracias a López Obrador por el amable saludo, afirma Gómez Leyva: “Hoy persiste la intransigencia (de Andrés Manuel) propagadora de una doctrina rudimentaria, pero la actitud es de apóstol. Apóstol fatigado”.

Lo dicho: Si Andrés Manuel cambió en un sexenio, Ciro sigue siendo el de 2006, tan distinto al periodista de antes de ese año. Seguramente las circunstancias que mataron a aquel brillante comunicador ya no existen. Pero los compromisos adquiridos… esos no dejarán a Gómez Leyva regresar a su digno punto de arranque.

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