sábado, 9 de junio de 2012

La cosecha de Peña-- HÉCTOR PALACIO

A la Pero Grullo: Se cosecha cuando se ha sembrado. Muchas veces cosecha el hijo el trabajo del padre.

I. 70 años. No vale la pena en este momento insistir en el significado esencialmente negativo del PRI durante sus 70 años como partido gobernante. La ecuación es simple. Si se coteja ese significado con ciertos logros de algunos de sus políticos y programas, pesa mucho más el lastre de la corrupción, la violencia y el autoritarismo desplegados durante ese tiempo; tiempo que se prolonga aún en muchos estados del país. Y sobre todo, destaca un reclamo mayor hacia su existencia como organización: Haberse negado en tal cantidad de años a procurar la justicia social y el bienestar de la nación (lo cual tampoco importaría al panismo, por otro lado), a crear las condiciones para que todos los mexicanos alcanzaran un grado mínimo deseable de estabilidad económica y social. El PRI le dio la espalda a la sociedad y sólo buscó de manera egoísta su propio nutrimento. Por ello, el ideal de la Revolución de crear una nueva sociedad, justa, equilibrada, nunca se convertiría en realidad.

Y de allí procede una primera cosecha de su candidato actual a la presidencia. Con toda la publicidad a favor y la abrumadora promoción de su imagen (no sólo confirmada de manera empírica, visual, también documentada por Proceso-Villamil, Aristegui, The Guardian), no han logrado borrar la realidad concreta de ese pasado que se manifiesta en el presente. ¿Qué se pretendía, que no se juzgara al PRI y a su candidato por su historial, que se hiciera de cuenta que nunca sucedió nada, que se creyera el cuento de que el rostro nuevo no significa en realidad una máscara sino tan solo un perfil “guapo”? (Por cierto, bastante desmejorado últimamente; y es que cuando no se ha trabajado y de pronto se ve en la necesidad de hacerlo, como supone una campaña política, claro que lo resiente el cuerpo: ojeras, arrugas, canas, cuerpo caído).

II. 6 años. Peña, el PRI y su equipo quieren hacer ver los seis años que gobernaron el Estado de México como casi el paraíso. Pero la realidad también se encarga de contradecirlos: Atenco, represión, violencia, “femenicidios”, falta de empleos, etc. Lo que ya se sabe. Es lo que sembró el gobernador heredero de Arturo Montiel; el favorito no gratuito de la principal televisora del país. Aquí sí estamos ante su propia obra, resonancia del priismo de siempre.

III. Jóvenes. En el reino de la aparente apatía, pocos esperaban una reacción social que se antepusiera a la abrumadora inercia que inevitablemente habría llevado al candidato del PRI y la televisión al poder. Pero, oh sorpresa. Otra expresión reconcentrada de la realidad explotaría en conciencia o en primavera, como le llaman algunos. Primero los estudiantes de la Universidad Iberoamericana. Después, el movimiento #YoSoy132, que incorpora en su dinámica el hastío de una sociedad que al fin se manifiesta.

Y el mensaje, contrariamente a quienes le atribuyen confusión, ha sido claro: No desean una elección en la cual se imponga a un presidente a través de la mercadotecnia; es clarísima también la petición de democratización de los medios, ¿qué mayor claridad que esa?; y han llegado a más: como producto de la siembra del pasado, no desean el retorno del sistema priista. Están en su derecho, ello no los descalifica como “partidistas”, por el contrario, les concede la cualidad que otorga la conciencia política e histórica. Colecta Peña hoy, pues, el fruto de la juventud consciente.

IV. Los periodistas objetivos. No todo es mala cosecha para Peña y el PRI. El pago por “servicios de promoción” (las “gacetillas informativas” insertadas como noticia, entre ellos) arroja también frutos. De allí que no les falten defensores entre los columnistas y comentaristas de televisión. Aquí también es muy claro que recogen el fruto de lo que han sembrado. Defensores que elogian y aplauden al candidato del PRI y se le van al cuello a los críticos, a los universitarios, a López Obrador como candidato que crece sostenidamente en la recta final de la campaña mientras el priista desciende. Y lo hacen tan ejemplarmente que asimismo usan un antifaz, enmascaran su posición en nombre de la objetividad y la democracia.

Como se ve, el balance de la cosecha es cuando menos tres contra uno. ¿Se expresará así en 1 de julio de 2012? Por lo pronto, todos listos para el segundo debate.

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