domingo, 10 de junio de 2012

REGRESO A CASA.

Un pájaro entró por mi ventana y permaneció muchas horas esperando a su madre. Le pusimos comida, quisimos ayudarlo a volar, le platicamos adonde venía, quiénes éramos, lo quisimos acariciar. Mejor lo dejamos solo (era tan pequeñito): estaba asustado. Y, de pronto, de la nada, lo vimos salir por la misma ventana con su madre que lo había hallado. Estaba feliz, iba con ella, como la nube que ha encontrado un cielo, como un barco que ha zarpado; llevaba una sonrisa y plenitud, silbando, mientras nosotros corríamos a la ventana, viéndolos aletear, contentos por la hermosura que es volar adonde pertenecemos

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