jueves, 7 de junio de 2012

AMLO en Tercer Grado. 2006-2012-- ANEL GUADALUPE MONTERO DÍAZ

Don Jacobo tiene razón. Esa película ya la vimos. Las dos.

La postura de AMLO es, amor al margen, exactamente igual que en 2006. El fraude, la campaña de medios, la honestidad valiente, los pobres primero, las charolas y los deslindes, el fuego amigo y la convicción de que la renovación moral proviene del líder y de allí se contagia a las masas, administradas por funcionarios que representarían la visión de la República amorosa.

La postura de los periodistas de Tercer Grado es la de cuestionar desde su posicionalidad y superficie de inscripción a los candidatos a la Presidencia de México con el mismo grado de crítica, análisis y debate o eso dicen.

Esta película es atemporal, porque la pudimos haber visto también en 2006 con diferencias temáticas ad hoc al contexto, pero ayer no hubo nada nuevo, excepto los mensajes contundentes enviados desde los márgenes del discurso y que Tirios y Troyanos pasaron por alto en apoyo o denuesto de AMLO: Televisa, a través de Tercer Grado sigue marcando la agenda política mexicana en medios.

A pesar de los llamados a boicotear a la televisora, a Tercer Grado y a quienes allí participan, de las controversias acerca de la objetividad, honestidad y profesionalismo de quienes integran esta mesa de análisis, del horario de medianoche y de las protestas en contra de la televisora, las presentaciones de los candidatos a la Presidencia de México han superado las expectativas de raiting, de impacto mediático en redes sociales y análisis en diferentes medios de comunicación.

Hoy, un día después de Tercer Grado, dos periodistas que participaron en el programa, comentan a propósito del mismo.

Ciro Gómez Leyva.- En “Mis tres preguntas a López Obrador en Tercer Grado[i]”, revela un periodista visceral, ambiguo y rencoroso. No es de extrañar pues, que la primera pregunta verse sobre él mismo:

“Fui a mi archivo y encontré 17 menciones tuyas sobre mi trabajo, y mi persona, desde julio de 2006. Todas son descalificaciones, y algunas son agresiones. Llevo veintitantos años en esto, he convivido con dos generaciones del poder. El único de los “políticos nacionales” que trata de intimidar sistemáticamente a la prensa eres tú. ¿Estás consciente de eso? ¿Te comprometes a que si ganas no nos seguirás tratando de intimidar desde la Presidencia de la República?”

El sofisma que desarrolla la pregunta es evidente. AMLO ha cuestionado a Ciro Gómez Leyva y esto lo ha molestado. A él, a un periodista cuyo trabajo es, precisamente cuestionar. Usted o yo, estimado lector, podemos o no estar de acuerdo con los periodistas o analistas políticos, pero de eso se trata la democracia. El señor Gómez Leyva trata sin mucho éxito de establecer una bandera:

AMLO me cuestionó. AMLO ha cuestionado a muchos periodistas. AMLO ha “tratado sistemáticamente de intimidar a la prensa” ergo será un Presidente represor de medios.

El señor Ciro Gómez Leyva pasa por alto que él no es la prensa mexicana, que quien acusa debe probar, que si usted es cuestionado, estimado lector, tiene también derecho a cuestionar, debatir y defenderse. Eso es democracia, esa palabra tan llevada y traída por él mismo en sus columnas.

Los planteamientos del periodista son más apropiados en el contexto de una campaña política con tendencia al PRI, que en una mesa de debate que pretende obtener información que sea reveladora, constructiva y provechosa para seguir construyendo nuestra joven democracia.

Carlos Marín.- En su artículo “se quiere reelegir el presidente legítimo”[ii], donde abundan los adjetivos calificativos que evidencian el encono que descalifica, por visceral, cualquier argumento, porque de entrada, pone usted en duda los datos, las frases, las cifras, “los hechos”.

Igual que Gómez Leyva, su corto artículo solamente remachó el discurso del fraude de 2006 para concluir

“Obsesionado por ocupar un lugar que imagina merecer, Andrés Manuel revela estar resignado a seguir viviendo del cuento”.

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