jueves, 7 de febrero de 2013


Tragicomedia a la mexicana

ANEL GUADALUPE MONTERO DÍAZ@Anelin00mié 6 de febrero de 2013
Ante la fatalidad, el mexicano sonríe y festeja.
La muerte, esa pequeña impostora, es objeto de burlas y enconos, hasta que con su sombra hace que nos enfrentemos a lo inevitable: la ausencia de lo amado, el anhelo de la presencia, la conversación, el abrazo, la palabra.
Ella deja que las carcajadas a sus costillas sean placenteras, para disfrutar mucho más el momento en el que nos mire de frente y regrese en dolor todo aquello que antes nos causaba gracia.
Por eso, la paradoja que encierra el carácter jocoso del mexicano ha sido materia de estudio de variopintos personajes de comunidades intelectuales, políticas, artísticas y poéticas, entre otras.
Sin embargo, desde el sexenio pasado, la muerte es parte de una nueva narrativa que impregna nuestra cotidianidad. Imposible pasar por alto el baño de sangre que hasta la fecha cubre a nuestro país.
Por eso es tan importante el respeto a los muertos o a los heridos, a los agraviados, a las víctimas. De otro modo, el duelo se lleva por partida doble.
La sociedad mexicana no merece a los políticos que en aras de sus mezquinos intereses, trivializan hechos tan graves como la violación a las turistas españolas[i] o aquellos que declaran que no es tan malo que aparezcan más de una treintena de cuerpos en la vía pública porque se trataba de delincuentes[ii].
¿Quién piensa en los familiares de las víctimas?
La pregunta no es menor, si tomamos en cuenta que aún hoy,  en el contexto de la tragedia ocurrida recientemente en una de las torres de PEMEX, el titular de la PGR, Jesús Murillo Karam, se permitió bromear al respecto de la maleta encontrada en el lugar del siniestro: “Lo único que encontramos en la maleta, es lo más peligroso para el hombre, cosméticos de mujer”[iii]Mientras en los medios informativos circulaba la foto del presidente Enrique Peña Nieto abrazando a un rescatista, como parte de una chocante y permanente campaña política.
¿En serio a alguien le parece esto gracioso o irrelevante?
Un poco más de respeto no es mucho pedir.
¿Usted qué opina, estimado lector?

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