domingo, 2 de mayo de 2010

TRASCENDIO



Que entre el martes y el miércoles, “alguien en el gobierno” decidió que se presentaría el fin de semana el video de los hechos del 19 de marzo en el Tec de Monterrey.

En la PGR aseguraban que ellos no fueron y que, desde luego, no planearon hacer la presentación un sábado a las siete y media de la noche, avisando a la prensa con una hora de anticipación.

Resultado: una de las exposiciones más caóticas de que se tenga memoria.

Que el vocero de la PGR, Ricardo Nájera, llegó a la conferencia de prensa una hora antes y ahí conoció la producción power point que preparó el área de Servicios Periciales.

Resultado: el caos. ¿Por qué no optaron por el clásico e infalible video de resumen y luego por otro con los detalles a resaltar?

Desde el primer momento, en que debía aparecer la imagen de una camioneta, las cosas no “marcharon”. Ricardo Nájera perdió la secuencia del script y aquello fue un desastre expositivo, al grado de que, por ejemplo, no se reparó que la PGR hablaba de alteración del lugar de los hechos.

Que mientras Alonso Lujambio reitera que el concurso para determinar la distribución de 300 mil computadoras a maestros es totalmente transparente, la realidad parece indicar lo contrario.

Pese a prometer que la información se subiría a internet, a unos días de que inicie la entrega no se ha dado a conocer cuántas se distribuirán en cada estado, ni quiénes serán los afortunados que las reciban.

¿Lo habrán dejado de última hora?

Que con otro sábado así, las clases medias-altas de la Ciudad de México van a terminar financiando a los huelguistas de hambre del SME.

Si no, que le pregunten a los coyoacanenses que se pasaron la mañana, el mediodía y parte de la tarde sin luz. O a los habitantes de San Ángel, que también tuvieron una tarde con velitas y hielo.

¿Creerán los sureños capitalinos que son sabotajes de las huestes de Martín Esparza?

Que, por cierto, el líder del SME, Martín Esparza, dedicó el “éxito” de la movilización del primero de mayo a Ciro Gómez Leyva.

“Díganle a Ciro, a quien le gustan tanto las estadísticas, que somos miles y miles”, dijo en un Zócalo a poco más de una cuarta parte de su capacidad.

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