Leo ahora una nota periodística publicada en El País en 1990 (http://www.elpais.com/articulo/cultura/AZUA/_FELIX_DE/TRIAS/_EUGENIO/VARGAS_LLOSA/_MARIO/MARSE/_JUAN_/ESCRITOR/PAZ/_OCTAVIO/SARAMAGO/elpepicul/19900901elpepicul_1/Tes):
"Mario Vargas Llosa, el escritor peruano metido a político, vino a México y le tomó la palabra a Octavio Paz y al resto de los organizadores del encuentro de intelectuales europeos y americanos: con total libertad habló largo y tendido sobre el gubernamental Partido Revolucionario Institucional (PRI) y su permanencia en el poder, como otro ejemplo de las dictaduras latinoamericanas. En cierto momento consideró a México una dictadura perfecta... Durante la mañana del jueves, en una conferencia de prensa, un Vargas Llosa de fino traje cruzado y delicados modales se abstuvo de emitir juicios sobre el sistema político mexicano. Dijo que era por respeto al país que lo tenía de huésped. Por la noche, sin embargo, en el estudio de televisión donde se desarrolla el debate El siglo XX: la experiencia de la libertad, conocedor de que estaba en el aire en una estación de televisión por cable del consorcio Televisa, Vargas Llosa habló de política mexicana, cosa que de seguro sorprendió a Paz, puesto que la idea del evento era hablar de la Europa del Este. Espero no parecer demasiado inelegante por decir lo que voy a decir, comenzó. Yo no creo que se pueda exonerar a México de esa tradición de dictaduras latinoamericanas. Creo que el caso de México, cuya democratización actual soy el primero en aplaudir, como todos los que creemos en la democracia, encaja en esa tradición con un matiz que es más bien el de un agravante. México es la dictadura perfecta. La dictadura perfecta no es el comunismo. No es la URSS. No es Fidel Castro. La dictadura perfecta es México, dijo un Vargas Llosa que a estas alturas ya parecía de nuevo el político intenso de hace unos meses. México, tiene las características de la dictadura: la permanencia, no de un hombre, pero sí de un partido. Y de un partido que es inamovible. Paz escuchaba serio, sentado atrás en el estudio de televisión y con una expresión de molestia".
Dos años después, en El País, Vargas Llosa publicó un artículo titulado "La dictadura perfecta" (http://www.elpais.com/articulo/opinion/KRAUZE/_ENRIQUE/LATINOAMERICA/MEXICO/PARTIDO_REVOLUCIONARIO_INSTITUCIONAL_/PRI/_/MEXICO/dictadura/perfecta/elpepiopi/19920601elpepiopi_16/Tes):
"Por haber llamado una dictadura perfecta al sistema político del PRI -en el encuentro de intelectuales que organizó la revista Vuelta, en México, en septiembre de 1990- recibí numerosos jalones de oreja, incluido el de alguien que yo admiro y quiero mucho como Octavio Paz, pero, la verdad, sigo pensando que aquella calificación es defendible. Creado en 1929 por el general Plutarco Elías Calle, el Partido Revolucionario Institucional estabilizó una sociedad donde, desde las convulsiones revolucionarias de 1910, los asuntos políticos se dirimían a balazos, y se posesionó de un Estado al que, a partir de entonces, modela y administra en su provecho, confundido con él de una manera tan sutil como las tres famosas personas en la Santísima Trinidad. Para todos los efectos prácticos, México es ahora el PRI, y lo que no es el PRI, incluidos sus más enérgicos críticos e impugnadores, también sirve, de una manera misteriosa, genial y horripilante, a perpetuar el control del PRI sobre la vida política y la sociedad mexicana".
Hoy, en su columna (http://sdpnoticias.com/sdp/columna/natalia-colmenares-natcolmenares/2010/10/07/1132156) Natalia Colmenares recuerda lo que, hace muy pocos días, dijo Vargas Llosa en México en una entrevista concedida a La Jornada: "No deseo que el PRI vuelva al poder en México, pero tengo la convicción de que, si sucede, no podrá ser el mismo, no tendrá el control absoluto, pues dudo que los mexicanos permitan otra vez esa manipulación de la vida pública de todo un país por un partido único". Añadió la columnista: "Los priistas, entusiasmados ante la posibilidad de que Enrique Peña Nieto llegue a la Presidencia, reaccionaron con molestia ante esas palabras del ahora Nobel. Hicieron el ridículo".
Aunque no sean altas las probabilidades de que el PRI vuelva a tener el control absoluto en México, lo cierto es que el riesgo existe. Para reducirlo a cero, tendremos que impedir el ascenso de Enrique Peña Nieto al poder (al gobernador mexiquense, recordémoslo, lo controla el hombre que mandaba en la "dictadura perfecta" de 1990, Carlos Salinas de Gortari). En mi opinión, la he expresado tantas veces, solo el movimiento de resistencia encabezado por Andrés Manuel López Obrador podrá detener el avance del PRI. Desde luego, sin alianzas con el PAN, el actual partido en el poder que ha resultado tan antidemocrático como el instituto político fundado por Calles.
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